Imagen: El esternón del hombre que tiene un orificio casi perfecto en su centro (Anagnostis Agelarakis/Access Archaeology 2019)

Pocas veces vemos resolver un crimen que ocurrió hace 2.000 años, en la Grecia Antigua. De hecho, posiblemente este sea un caso insólito en la historia. Se sabía que un hombre corpulento murió de forma brutal en la idílica isla griega de Thasos, sin embargo, su muerte no se parecía a nada que los investigadores hubieran visto antes.

El caso salió a la luz por primera vez en 2012, cuando un equipo de arqueólogos desenterró los restos de 57 personas en una zona de excavación alrededor de la antigua necrópolis en Thasos. Uno de los cuerpos había recibido una muerte tan extraña que comenzó una investigación para averiguar más sobre la impactante escena.

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El esqueleto, que parecía pertenecer a un hombre musculoso, presentaba un orificio circular casi perfecto a través del esternón, el hueso central en el pecho. Originalmente se sospechaba que era un defecto de nacimiento conocido como foramen esternal, el cual se produce cuando el esternón no se forma completamente. Sin embargo, la forma del agujero no era característica de esta condición.

Durante varios años, Anagnostis Agelarakis y su equipo de investigadores, de la Universidad Adelphi de Nueva York, han estado estudiando el hueso junto con la ayuda de otros expertos. Ahora, en un reciente artículo publicado en Access Archaeology, Agelarakis concluye que la lesión inusual fue el resultado de una puñalada de gran alcance por parte de un styrax, un arma con forma de lanza con un extremo puntiagudo.

Ilustración: Ilustración del styrax de siete puntas que mató al hombre

Al parecer, los investigadores llegaron a esta conclusión al crear reconstrucciones de bronce del arma y un modelo balístico que imita al cuerpo humano. Los experimentos realizados encontraron que un círculo perfecto, como la lesión que se produjo en el hombre, no podía formarse con un tiro de largo alcance, ya que era muy poco probable que la punta aterrizara de forma clara y cuadrada en el hueso.

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Del mismo modo, explican, también significaba que es poco probable que haya muerto durante una pelea en el fragor de una batalla. Por tanto, se descartaba así la posibilidad de que el fallecido fuera un soldado caído.

Agelarakis explica que la única forma de lograr un orificio compatible con esta lesión ósea era una puñalada a corta distancia mientras el hombre estaba inmovilizado, ya sea clavado contra una pared o atado de rodillas. Esto, según los investigadores, insinúa que fue asesinado de una manera inusualmente organizada. Según Agelarakis:

Llegué a la conclusión de que no fue algo que se arrojó, sino que fue algo que se estabilizó primero en el esternón y luego, con extrema fuerza, penetró.

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El análisis anatómico de los huesos mostró que el hombre tenía alrededor de 170 centímetros de altura, bastante grande para ser una persona anciana. Las marcas en los huesos fueron las que revelaron que era un tipo musculoso. Un detalle que, aunque no tenía por qué ser inusual para los antiguos griegos de la época, un posterior análisis dental mostró que la dieta del hombre había empeorado antes de su muerte, lo que sería inusual para un fisicoculturista aspirante de la Grecia Antigua.

Sea como fuere, para Agelarakis esta es la pieza final del rompecabezas. El investigador argumenta que la pobre dieta demuestra que era muy probable que estuviera preso, mantenido en cautiverio en malas condiciones. Su muerte, por tanto, parece que fue una especie de ejecución organizada y, obviamente, tremendamente desagradable. [Access Archaeology vía LiveScience]