Cada consulta a un chatbot parece instantánea e invisible, pero detrás hay una infraestructura física gigantesca. Un informe de la Universidad de las Naciones Unidas advierte que los centros de datos que sostienen la inteligencia artificial ya consumen energía, agua y suelo a escala nacional, y que el problema podría duplicarse antes de 2030.
Millones de personas conservan celulares, tablets y computadoras viejas en cajones durante años. No siempre es nostalgia: muchas veces hay miedo a perder fotos, exponer datos personales o no saber dónde reciclar. Un estudio muestra que el problema no es solo ambiental, sino también psicológico y práctico.
La tendencia crece, pero hay que acabar con ella con urgencia.
Estados Unidos lleva años alejando sus portaaviones de las zonas más peligrosas del Pacífico para protegerlos del alcance chino. Pero un nuevo estudio militar publicado en China plantea un escenario mucho más inquietante: atacar grupos navales a 3.000 kilómetros mediante una red de sensores, drones, submarinos y misiles coordinados.
Los centros de datos son la infraestructura invisible de la inteligencia artificial, la nube y la vida digital. Pero en varias comunidades de Estados Unidos dejaron de ser invisibles: vecinos denuncian ruido constante, vibraciones, problemas para dormir y caída del valor de sus viviendas, incluso cuando las instalaciones cumplen con la normativa vigente.
Jeff Bezos volvió a defender una de sus ideas más ambiciosas: trasladar industrias contaminantes fuera de la Tierra para preservar el planeta como un gran jardín habitable. La propuesta suena futurista, pero también abre una pregunta incómoda: si la tecnología ensució la Tierra, ¿puede el espacio convertirse en su nuevo vertedero industrial?
Una semana antes de que Elon Musk presentara el satélite AI1 de SpaceX, Pekín aprobó en silencio su Space Computing Industry Innovation Center: una alianza coordinada por el Estado entre fabricantes de cohetes, empresas de chips e instituciones académicas para llevar el procesamiento de IA a órbita. Y China ya tiene satélites haciendo exactamente eso desde mayo de 2025
Noruega acaba de dar un paso decisivo para construir el Stad Ship Tunnel, una obra de ingeniería única: un túnel excavado en roca para que barcos, ferrys y embarcaciones de gran tamaño atraviesen una montaña en lugar de rodear una de las costas más peligrosas del país.
Mientras buena parte de los estadounidenses sigue atrapada entre precios altos, hipotecas caras y miedo a la incertidumbre económica, el mercado de viviendas de lujo vuelve a acelerarse. La razón no está solo en el ladrillo: el boom de la inteligencia artificial está creando una nueva ola de riqueza que ya se siente en el mercado inmobiliario.
Entre 2021 y 2025, el gobierno chino eliminó o suspendió más del 30% de todos los programas universitarios del país: desaparecieron humanidades, lenguas extranjeras y administración. En su lugar aparecieron 10.200 nuevas carreras centradas en inteligencia artificial, semiconductores y robótica. Es la mayor reestructuración educativa que haya ejecutado un país en décadas
La guerra tecnológica entre China y Estados Unidos ya no se juega solo en chips, sanciones o software. También se juega en materiales casi invisibles para el público, pero esenciales para la próxima generación de centros de datos. Uno de ellos es el fosfuro de indio, clave para conectar chips con luz.
Nos huele un poco a pescado podrido.
El Mukaab fue presentado como el gran icono de New Murabba, el nuevo distrito urbano de Riad: un cubo de 400 metros por lado, con experiencias inmersivas, comercios, hoteles, viviendas y tecnología holográfica. Pero el proyecto, anunciado como una pieza central de la Visión 2030 saudí, también revela algo menos espectacular: la dificultad de convertir la arquitectura de ciencia ficción en una obra viable.ero el proyecto, anunciado como una pieza central de la Visión 2030 saudí, también revela algo menos espectacular: la dificultad de convertir la arquitectura de ciencia ficción en una obra viable.
Perder todos los motores en pleno vuelo es una de las situaciones más graves que puede enfrentar un avión, pero no significa una caída inmediata. Las aeronaves comerciales están diseñadas para planear, mantener sistemas esenciales y dar a los pilotos un margen crucial para intentar un reinicio o buscar un aterrizaje seguro.
Antes de que un adolescente entre al colegio, muchas veces ya pasó horas frente a una pantalla que decide qué mira, qué desea, con quién se compara y cómo mide su propio valor. El problema ya no es solo cuánto tiempo usa el celular, sino qué tipo de mundo emocional le construye el algoritmo.
El Segway fue presentado como el vehículo que iba a revolucionar la movilidad urbana. Era eléctrico, futurista y se equilibraba solo, pero nunca logró conquistar al público masivo. Su historia explica por qué algunas tecnologías brillantes fracasan comercialmente y, aun así, terminan dejando una huella enorme.
Tesla acaba de cerrar un pequeño atajo que muchos conductores usaban para evitar dar explicaciones al desconectar FSD. Ahora, cada intervención queda acompañada de una razón o una nota de voz. La medida puede parecer molesta, pero revela algo clave: Tesla necesita saber exactamente cuándo y por qué falla su sistema.
Estados Unidos presentó un Boeing 747-8 modificado para reforzar su flota presidencial, pero la noticia no gira solo en torno a la aviación. El avión, procedente de Qatar, llega como solución temporal mientras se retrasan los futuros Air Force One y abre un debate incómodo sobre seguridad, influencia extranjera y ética política.
Construido en 1974 el Stargazer es el último L-1011 de Lockheed que sigue volando.
Alexandr Wang, fundador de Scale AI, aseguró que prefiere retrasar la paternidad hasta que interfaces cerebro-computadora como Neuralink estén listas. Su argumento apunta a la neuroplasticidad infantil, pero también abre una discusión inquietante: qué pasa cuando la tecnología deja de ser una herramienta y empieza a imaginarse como parte del desarrollo humano.