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Ciencia

Una colina de Noruega escondía un barco monumental, pero pertenecía al siglo equivocado. Fue enterrado antes de los vikingos y obliga a adelantar cien años una de sus tradiciones más famosas

Herlaugshaugen parecía guardar la tumba de un rey conocido por las sagas. Veintinueve remaches y unos restos de madera revelaron algo bastante más desconcertante: el barco fue sepultado hacia el año 700, cuando la Era Vikinga todavía no había comenzado.
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En la isla noruega de Leka hay una colina que nunca tuvo intención de pasar desapercibida. El túmulo de Herlaugshaugen supera los 60 metros de diámetro, se eleva varios pisos sobre el terreno y domina un paisaje próximo a la antigua ruta marítima. Quien llegara a la isla desde el mar debía verlo mucho antes de poner un pie en tierra.

Durante siglos, aquel montículo estuvo unido a una historia casi perfecta. Allí debía descansar Herlaug, un rey semilegendario que, según las sagas islandesas medievales, prefirió encerrarse vivo junto a sus hombres antes que someterse a un rival. Había un problema: nadie había podido demostrar que dentro hubiese realmente un barco.

Ahora sabemos que sí lo había. Lo inesperado no fue encontrarlo, sino descubrir que llevaba casi dos siglos enterrado cuando el supuesto rey Herlaug murió.

Veintinueve piezas de hierro desmontaron una leyenda de siglos

Una colina de Noruega escondía un barco monumental, pero pertenecía al siglo equivocado. Fue enterrado antes de los vikingos y obliga a adelantar cien años una de sus tradiciones más famosas
© Hanne Bryn / NTNU University Museum.

En junio de 2023, un equipo dirigido por el arqueólogo Geir Grønnesby, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, regresó al túmulo equipado con detectores de metales. No buscaba un casco intacto, algo prácticamente imposible después de 1.300 años bajo tierra, sino las piezas que habrían mantenido unidas sus tablas.

La excavación recuperó 29 grandes remaches de hierro, algunos todavía adheridos a pequeños restos de madera. Eran clavos de tipo clinker, utilizados para unir las tablas superpuestas de los cascos construidos con una técnica característica del norte de Europa. Su tamaño indicó que no pertenecían a una barca pequeña, sino a una embarcación de más de 20 metros que habría necesitado numerosos remeros.

La madera y otros materiales orgánicos proporcionaron la sorpresa definitiva. Las pruebas de radiocarbono situaron el entierro alrededor del año 700, dentro del periodo merovingio escandinavo y aproximadamente un siglo antes del comienzo convencional de la Era Vikinga. El estudio, publicado en Antiquity, convierte a Herlaugshaugen en el entierro naval más antiguo confirmado de Noruega y en uno de los primeros ejemplos monumentales conocidos de Escandinavia.

La datación también expulsa al rey Herlaug de su propia tumba. El personaje de las sagas habría muerto hacia el año 871, por lo que no pudo ser el ocupante original del túmulo. La identidad del verdadero difunto sigue siendo un misterio.

No eran vikingos todavía, pero ya tenían barcos, riqueza y contactos lejanos

Una colina de Noruega escondía un barco monumental, pero pertenecía al siglo equivocado. Fue enterrado antes de los vikingos y obliga a adelantar cien años una de sus tradiciones más famosas
© Composición Illustration by P.H. Sommerschild – Hanne Bryn / NTNU University Museum.

El descubrimiento no significa que la Era Vikinga deba comenzar un siglo antes. Un barco grande no convierte automáticamente a sus constructores en vikingos, del mismo modo que poseer una espada no demuestra que alguien participara en una campaña militar. Lo que cambia es nuestra percepción del mundo que hizo posibles aquellas expediciones posteriores.

Construir una embarcación de más de 20 metros exigía madera seleccionada, conocimientos técnicos, artesanos especializados y una comunidad capaz de coordinar meses de trabajo. Después hubo que sacrificar el barco, cubrirlo y levantar encima un túmulo enorme. No era únicamente un funeral: era una demostración de poder diseñada para seguir hablando cuando su propietario ya hubiera muerto.

La propia ubicación de Herlaugshaugen ofrece otra pista. Leka se encontraba junto a una importante vía de navegación y pudo actuar como nodo dentro de una red comercial que conectaba el norte y el sur de Escandinavia. Grønnesby sostiene que una acumulación semejante de riqueza difícilmente habría procedido solamente de la agricultura local y probablemente estuvo relacionada con intercambios realizados a larga distancia.

Esto acerca el mundo anterior a los vikingos a una realidad mucho menos aislada de lo que suele imaginarse. Antes de las grandes incursiones ya existían barcos capaces de recorrer largas distancias, élites marítimas, rutas comerciales y comunidades acostumbradas a mirar más allá de sus propias costas.

El barco perdido completa una historia que comenzaba en Inglaterra

Una colina de Noruega escondía un barco monumental, pero pertenecía al siglo equivocado. Fue enterrado antes de los vikingos y obliga a adelantar cien años una de sus tradiciones más famosas
© Geir Grønnesby / NTNU University Museum.

Hasta ahora existía un extraño hueco en el mapa arqueológico. En la costa inglesa, Sutton Hoo albergaba un entierro naval monumental fechado aproximadamente entre los años 600 y 625. En Noruega, sin embargo, los ejemplos célebres aparecían bastante más tarde, como Oseberg, enterrado hacia el 834, y Gokstad, alrededor del año 900.

Herlaugshaugen ocupa ahora parte de ese espacio vacío. Su fecha sugiere que las tradiciones funerarias, las ideas sobre el poder y posiblemente los contactos culturales cruzaban el mar del Norte mucho antes de que los guerreros escandinavos atacaran los monasterios ingleses.

Todavía no sabemos quién fue colocado dentro del barco. Las excavaciones realizadas en el siglo XVIII mencionaron un esqueleto sentado, una espada, huesos animales y un recipiente de bronce, pero todos esos objetos terminaron desapareciendo. El esqueleto llegó a exhibirse como el del rey Herlaug y después se perdió; el caldero, según una historia conservada por los investigadores, pudo terminar fundido para fabricar hebillas de zapatos.

Lo que quedó fueron unos cuantos fragmentos de madera y varias piezas de hierro corroído. Suficiente, sin embargo, para revelar que los barcos funerarios no nacieron con los vikingos. Cuando comenzó su época, la sociedad que los construiría llevaba generaciones aprendiendo a navegar, comerciar y convertir sus embarcaciones en monumentos para los muertos.

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