Las estelas de los aviones no son solo líneas en el cielo: pueden explicar hasta la mitad del impacto climático de la aviación. Un nuevo estudio del MIT advierte que los satélites actuales no logran ver la mayoría de ellas. Entender mejor estas huellas podría abrir la puerta a vuelos mucho menos contaminantes.
Creemos que nuestros recuerdos son fieles, pero la neurociencia dice lo contrario. Recordar no es recuperar un archivo intacto, sino reconstruir una historia cada vez que la evocamos. El cerebro no archiva el pasado: lo reescribe constantemente, y eso tiene consecuencias profundas para cómo entendemos quiénes somos.
El arranque de 2026 podría venir acompañado de un giro atmosférico relevante. Tras un breve dominio anticiclónico, los modelos apuntan a la posible formación de una cresta atlántica —o Atlantic Ridge— que abriría la puerta a aire frío, heladas generalizadas y nuevos frentes lluviosos sobre España.
El comienzo de 2026 llega con un fenómeno astronómico poco habitual: Marte y Venus pasan casi al mismo tiempo por detrás del Sol en una doble conjunción solar. Durante varios días, ambos planetas desaparecen del cielo nocturno en una alineación que la NASA califica como excepcional.
Un nuevo estudio propone una idea inquietante: bajo condiciones extremas, el calentamiento global no conduciría a un planeta cada vez más caliente, sino a un enfriamiento abrupto. El detonante sería una inestabilidad en el ciclo del carbono, con el plancton como actor inesperado.
En 2025, tres hallazgos científicos independientes reforzaron una idea que llevaba años gestándose: Marte fue, durante un largo periodo, un planeta sorprendentemente similar a la Tierra primitiva. Ríos alimentados por lluvias, rocas con posible química biológica y una atmósfera eléctricamente activa reescribieron su pasado.
El calendario espacial de 2026 anticipa un punto de inflexión histórico. El regreso de astronautas a la Luna, la nueva versión del Starship de Elon Musk y misiones cada vez más ambiciosas marcan un año en el que la exploración espacial deja atrás la fase de pruebas y entra en una nueva era.
Un estudio reciente plantea un escenario tan remoto como fascinante: la posible desaparición del Estrecho de Gibraltar por el movimiento de las placas tectónicas. Un proceso que duraría decenas de millones de años podría acabar uniendo África y Europa, transformando para siempre el mapa del planeta.
La NASA despide 2025 con un obsequio que combina ciencia, exploración espacial y belleza visual. Su Calendario de Ciencia 2026 reúne doce imágenes espectaculares —del espacio profundo a la Tierra— acompañadas de explicaciones científicas y disponibles para descarga gratuita en alta resolución.
Un nuevo modelo desarrollado por investigadores chinos logra algo inédito: no solo analizar datos cosmológicos complejos, sino extraer relaciones físicas interpretables que podrían acotar la naturaleza real de la materia oscura.
Un segundo basta para verlo… si sabes dónde mirar. El rayo verde es uno de los fenómenos ópticos más esquivos del cielo y depende de una combinación muy precisa de atmósfera, horizonte y paciencia. La ciencia explica por qué aparece y cómo aumentar tus probabilidades de “cazarlo”.
Cuando un tejido sufre un daño severo, el cuerpo no se limita a reparar lo justo: a veces responde con una regeneración sorprendente. Durante más de 50 años, la ciencia supo que ese fenómeno existía —la llamada proliferación compensatoria—, pero no cómo funcionaba a nivel molecular. Un nuevo estudio acaba de cerrar ese vacío con una idea tan potente como inquietante: las mismas enzimas que activan la muerte celular pueden, en ciertos casos, proteger a las células y volverlas más resistentes. Ese “truco” explica tanto la reparación tisular como la agresividad de algunos cánceres tras el tratamiento.
Improvisar no es actuar sin pensar. Un experimento con músicos de jazz revela que la creatividad surge cuando el cerebro reorganiza sus redes en tiempo real. Cuanta más libertad creativa hay, más cambia la forma en que atención, control y recompensa se coordinan dentro de la mente.
Durante décadas, la conciencia ha sido tratada como el gran enigma de la ciencia: todos la experimentamos, pero cuesta explicar para qué sirve realmente. Un nuevo trabajo teórico propone una idea tan sencilla como disruptiva: la conciencia no cumple una única función ni apareció de golpe. Evolucionó por capas, cada una con una tarea biológica distinta, y todas siguen activas hoy en nuestro cerebro.
Un terremoto de magnitud 8,8 frente a la península de Kamchatka, en Rusia, desencadenó en julio de 2025 un tsunami de alcance oceánico. No fue el mayor sismo jamás registrado, pero sí el primero observado con un nivel de detalle sin precedentes desde el espacio. El protagonista: NASA y su satélite SWOT, capaz de medir variaciones de apenas centímetros en la superficie del mar.
Desde su inauguración en 1964, el Shinkansen se convirtió en un símbolo de precisión, fiabilidad y orgullo tecnológico. Con velocidades comerciales que pasaron de 210 km/h a más de 320 km/h, el tren bala japonés mantiene un récord casi inigualable: puntualidad extrema y ningún accidente mortal en décadas de operación.
Durante siglos, la física y la teología han compartido una frontera difusa. Mientras una intenta describir cómo funciona el universo, la otra se pregunta por su origen y si existe algo —o alguien— más allá de él. Ahora, un trabajo reciente firmado por tres físicos del MIT ha reavivado ese viejo cruce de caminos con una afirmación tan provocadora como rigurosa: si el universo es un sistema completamente cerrado, no puede existir ningún observador externo.
Si navegas un rato por TikTok o Instagram, es casi seguro que aparecerá la frase: “Tu lóbulo frontal aún no está completamente desarrollado”. Se ha convertido en una explicación comodín para decisiones impulsivas o conductas poco reflexivas en la veintena. La idea resulta tranquilizadora, pero es incompleta. La ciencia actual muestra un panorama mucho más matizado.
Un ensayo clínico internacional comprobó que una aplicación digital logró reducir de forma significativa los síntomas de ansiedad generalizada en adultos, superando a los métodos informativos tradicionales y abriendo una nueva vía para la salud mental a distancia.
Los colibríes suelen asociarse con delicadeza, colores iridiscentes y una sorprendente habilidad para libar néctar en pleno vuelo. Sin embargo, una investigación reciente ha revelado una faceta mucho más agresiva —y fascinante— de una de estas especies: el colibrí ermitaño verde. En los machos, su pico no es solo una herramienta para alimentarse, sino un arma diseñada evolutivamente para el combate.