El cometa interestelar 3I/ATLAS llegó a nuestro sistema solar después de atravesar el espacio que separa las estrellas. Su paso ya había desconcertado a los astrónomos por una composición química muy diferente de la observada en otros cometas, pero ahora un nuevo análisis realizado con el telescopio espacial James Webb acaba de revelar una pista aún más extraordinaria. Su metano contiene una proporción inusualmente elevada de deuterio, una forma pesada del hidrógeno, que podría conservar información sobre las condiciones extremas en las que se formaron sus hielos.
La investigación fue publicada el 23 de octubre en la revista Nature Astronomy por un equipo encabezado por Nathan Roth, investigador de la American University y del Centro Goddard de la NASA. El resultado representa una de las escasas detecciones de moléculas orgánicas con deuterio en un objeto interestelar y proporciona nuevas pistas sobre la formación de cuerpos helados alrededor de otras estrellas.
El James Webb encontró una proporción de hidrógeno pesado que no encaja con los cometas conocidos

El deuterio es un isótopo del hidrógeno que contiene un protón y un neutrón en su núcleo, mientras que el hidrógeno más común solo tiene un protón. Su abundancia en determinadas moléculas funciona como una huella química, porque puede aportar información sobre la temperatura y las condiciones en las que se formaron.
Los investigadores utilizaron el instrumento NIRSpec del James Webb para analizar la luz infrarroja procedente de la coma de 3I/ATLAS, la nube de gas y polvo que rodea su núcleo. Mediante el estudio de las señales espectrales identificaron metano convencional y una variante que contiene deuterio, denominada metano deuterado.
La proporción entre deuterio e hidrógeno que encontraron en el metano alcanzó aproximadamente el 3,18%, con un margen de incertidumbre de 0,30 puntos porcentuales. Según el artículo científico, esta cifra es unas 13 veces superior a la detectada por la misión Rosetta de la Agencia Espacial Europea en el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
La comparación resulta importante porque 67P es uno de los cuerpos mejor estudiados del sistema solar. En cambio, 3I/ATLAS procede del espacio interestelar y probablemente se formó en un entorno físico y químico muy diferente.
Como explica Phys.org en su análisis del 1 de noviembre, los resultados sugieren que parte de los materiales congelados del visitante pudieron originarse en condiciones extremadamente frías, donde los procesos químicos favorecen la incorporación de deuterio a determinadas moléculas orgánicas.
Una pista sobre el lugar donde nació, pero no una dirección exacta de su sistema de origen
Lo más interesante es que la abundancia de deuterio en el metano no solo supera la registrada en 67P. También presenta similitudes con ciertas moléculas orgánicas observadas en regiones donde nacen estrellas y sistemas planetarios.

Los autores consideran que la composición es compatible con la formación de los hielos en un ambiente interestelar o protoestelar muy frío, posiblemente caracterizado por una baja abundancia de elementos pesados y una intensa exposición a rayos cósmicos.
Esto no significa que el James Webb haya identificado la estrella de la que procede 3I/ATLAS. Tampoco permite reconstruir su recorrido completo antes de llegar al sistema solar. El resultado ayuda a establecer las condiciones químicas que pudieron existir durante su formación, pero diferentes regiones del espacio pueden producir señales parecidas.
Además, no es la primera vez que la composición isotópica del objeto sorprende a los investigadores. En junio de 2026, otro estudio publicado en Nature ya había encontrado proporciones extraordinarias de deuterio en su agua y anomalías en los isótopos de carbono. Aquel trabajo planteó que el cometa podría haberse originado en un sistema planetario muy antiguo, posiblemente formado hace unos 12.000 millones de años, aunque esa edad sigue siendo una interpretación de los datos y no una medición directa.
La nueva investigación refuerza la posibilidad de que estemos observando materiales formados en condiciones muy diferentes de las que dieron origen a los cometas de nuestro entorno. Y eso convierte a 3I/ATLAS en algo más que un visitante fugaz. Como recuerda la NASA en su seguimiento del cometa, se trata del tercer objeto interestelar confirmado que atraviesa nuestro sistema solar, después de ʻOumuamua y Borisov.
Cada uno ofrece una oportunidad excepcional para examinar materia formada alrededor de otras estrellas sin necesidad de viajar hasta ellas. En el caso de 3I/ATLAS, una pequeña diferencia en la masa de los átomos de hidrógeno podría estar contándonos una historia que comenzó muchísimo antes de que el cometa llegara a las proximidades del Sol.