Una mujer vende semillas de quinoa en un mercado de La Paz, Bolivia. Imagen: Juan Karita / AP

La quinoa se cultiva desde hace milenios en la zonas andinas de América del Sur, pero no fue hasta 2006, cuando las altas esferas de la nutrición la catalogaron como un superalimento, que empezó a importarse a mansalva en Europa y Estados Unidos. Su precio, no obstante, llegó a triplicarse.

Ahora un equipo de científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología Rey Abdalá de Arabia Saudí ha conseguido secuenciar por primera vez el genoma completo de la quinoa (Chenopodium quinoa), un paso previo a perfeccionar la planta y producir sus famosas semillas a menor precio.

Más allá de ser un alimento libre de gluten con un alto contenido en proteínas (razón por la que está de moda), la quinoa es una planta muy resistente que puede crecer en suelos duros, salados o a grandes altitudes. Sin embargo, la guerra entre la oferta y la demanda ha mantenido sus semillas a un precio elevado que la relega a las clases medias.

Por fin, ante la perspectiva de diseñar una quinoa más robusta que no se caiga habitualmente como lo suele hacer la actual, de eliminar el amargor que le viene naturalmente de un compuesto llamado saponina y de mejorar características como los tiempos de maduración, sus semillas podrían bajar significativamente de precio y ayudar por fin a combatir el hambre.

Los investigadores esperan que, gracias a estos avances, la quinoa alcance algún día un precio comparable con el del trigo. De esta forma, las personas más pobres del mundo podrán contar con un alimento nutritivo que se consume como si fuera un cereal cualquiera. [Nature vía Quartz]