Las ruinas de Pompeya, conocidas mundialmente por haber quedado sepultadas tras la erupción del Vesubio en el año 79 d. C., acaban de aportar nuevas pistas sobre otro episodio de su historia: una violenta batalla ocurrida casi dos siglos antes.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Campania Luigi Vanvitelli, en Italia, analizó una serie de pequeñas perforaciones en las antiguas murallas de la ciudad y encontró indicios de que podrían haber sido producidas por un arma extraordinariamente avanzada para su época.
Se trata del polybolos, una máquina de guerra de repetición que algunos especialistas comparan con una ametralladora primitiva debido a su capacidad para lanzar proyectiles sucesivamente.
La investigación, publicada en febrero de 2026 en la revista científica Heritage, plantea que esta tecnología pudo utilizarse durante el asedio romano de Pompeya en el año 89 a. C.
Las misteriosas marcas que encontraron en las murallas de Pompeya
El descubrimiento se concentra en el sector norte de las fortificaciones, especialmente entre las antiguas puertas del Vesubio y de Herculano. Los investigadores identificaron pequeñas cavidades cuadrangulares distribuidas a intervalos relativamente regulares y formando patrones curvos.
Estas marcas llamaron la atención porque su disposición podría corresponder al impacto de múltiples dardos disparados mediante un mecanismo de repetición. Para estudiarlas, el equipo liderado por Adriana Rossi utilizó escáneres láser, fotogrametría y reconstrucciones digitales tridimensionales.
Las herramientas permitieron analizar la geometría de los impactos y compararla con las características de las armas antiguas.

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Cómo funcionaba la ametralladora de la Antigüedad
El polybolos fue una sofisticada máquina de guerra desarrollada durante el período helenístico, varios siglos antes de la expansión del Imperio romano.
Su funcionamiento fue descrito por el ingeniero Filón de Bizancio en el siglo III a. C.
A diferencia de las ballestas tradicionales, que necesitaban recargarse manualmente después de cada disparo, este dispositivo utilizaba engranajes, cadenas y mecanismos de alimentación para lanzar proyectiles de manera sucesiva. La energía procedía de un sistema de torsión que impulsaba los dardos hacia el objetivo.
Aunque su funcionamiento no era automático como el de una ametralladora moderna, representaba una innovación extraordinaria para la ingeniería militar de aquella época.
Una batalla que ocurrió antes de la erupción del Vesubio
Los investigadores relacionan las marcas con el asedio de Pompeya dirigido por las fuerzas del general romano Lucio Cornelio Sila en el año 89 a. C.
Durante aquel enfrentamiento, las tropas romanas utilizaron diversas máquinas de asedio para atacar las fortificaciones de la ciudad. Los daños conservados en las murallas ofrecen una oportunidad excepcional para estudiar las tecnologías militares utilizadas durante ese conflicto.
Sin embargo, todavía no se ha encontrado un ejemplar completo del polybolos que permita demostrar definitivamente su presencia en Pompeya.

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La tecnología 3D podría resolver un misterio de hace 2.000 años
Los especialistas trabajan en reconstrucciones virtuales para comparar el funcionamiento hipotético del arma con los impactos registrados en las piedras.
El objetivo es determinar si un mecanismo de repetición podría producir exactamente los patrones documentados. Por ahora, los resultados respaldan una hipótesis prometedora, pero no constituyen una confirmación definitiva. Aun así, el descubrimiento demuestra que la ingeniería antigua había alcanzado niveles de sofisticación sorprendentes.
Las mismas murallas que presenciaron una batalla hace más de dos milenios podrían revelar cómo funcionaba una de las armas más ingeniosas de la Antigüedad.