Hace unos 200 millones de años, Pangea comenzó a fragmentarse hasta originar progresivamente la distribución continental que conocemos hoy. Pero la tectónica de placas nunca se detuvo. África continúa acercándose a Europa, el océano Atlántico cambia lentamente de tamaño y las placas siguen chocando, separándose y hundiéndose unas bajo otras.
Proyectar esos movimientos cientos de millones de años hacia el futuro permite imaginar cómo podría ser el próximo gran supercontinente. Una de las hipótesis más conocidas es Pangea Ultima, también denominada Pangea Proxima.
Los continentes podrían volver a reunirse
El geólogo Christopher Scotese, creador del proyecto PALEOMAP, lleva décadas reconstruyendo el movimiento de los continentes en el pasado y elaborando posibles escenarios para el futuro.
Según uno de estos modelos, África continuará desplazándose hacia el norte hasta terminar colisionando todavía más con Europa. Como consecuencia, el mar Mediterráneo podría acabar desapareciendo.
A escalas de decenas y cientos de millones de años también cambiarían profundamente las posiciones de América, Eurasia y África hasta formar una gigantesca masa continental.
El resultado sería un planeta que, al menos sobre un mapa, volvería a recordar considerablemente a la antigua Pangea.
España tendría unos vecinos muy diferentes
Las fronteras políticas actuales seguramente no tendrán ningún sentido dentro de 250 millones de años, pero superponerlas al mapa futuro permite visualizar lo radical del cambio.
En el escenario de Pangea Ultima, la península ibérica permanecería conectada con Francia y Portugal, pero el cierre del Mediterráneo colocaría mucho más cerca territorios que actualmente están separados por el mar.
España podría encontrarse próxima a zonas correspondientes actualmente a Italia, Marruecos, Argelia o Túnez, mientras que otros países experimentarían transformaciones todavía más llamativas.
El cambio geográfico, sin embargo, sería probablemente el menor de los problemas.
Un supercontinente extremadamente caliente
Un estudio publicado en Nature Geoscience simuló las condiciones climáticas que podría experimentar un futuro supercontinente similar a Pangea Ultima.
Los investigadores combinaron varios factores. Por un lado, un enorme continente tendría vastas regiones interiores alejadas de la influencia moderadora del océano. Por otro, el aumento de la actividad tectónica y volcánica podría elevar considerablemente las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono.
A esto habría que añadir otro cambio inevitable: dentro de unos 250 millones de años, el Sol será ligeramente más luminoso que en la actualidad.
El resultado de las simulaciones es un mundo en el que extensas regiones podrían superar regularmente temperaturas de 40 °C.
Los mamíferos tendrían muy poco espacio
Las condiciones podrían resultar especialmente difíciles para los mamíferos, cuya capacidad para regular la temperatura corporal tiene límites.
Las simulaciones sugieren que solo una fracción relativamente pequeña de la superficie del supercontinente podría conservar condiciones térmicas adecuadas para ellos. Gran parte del interior sería extremadamente cálido y seco. Precisamente aquí aparece una de las curiosidades del modelo: determinadas zonas situadas en latitudes más altas podrían ofrecer condiciones menos extremas.
Territorios equivalentes a partes de España, Portugal, Marruecos o Reino Unido podrían quedar relativamente mejor posicionados que las enormes regiones interiores del supercontinente.
Eso no significa que España vaya a convertirse literalmente en un refugio habitable. Se trata de simulaciones realizadas a una escala temporal gigantesca y sujetas a numerosas incertidumbres.
Pangea Ultima es solo uno de los futuros posibles
Ni siquiera sabemos si el próximo supercontinente tendrá exactamente esta forma.
Existen otros modelos. Novopangea propone el cierre del océano Pacífico; Aurica contempla profundas reorganizaciones tanto del Atlántico como del Pacífico; y Amasia plantea una futura unión continental concentrada más hacia el hemisferio norte.
Todos intentan responder a la misma pregunta: qué ocurre cuando proyectamos durante cientos de millones de años el movimiento constante de las placas tectónicas.
Lo único relativamente seguro es que el mapa actual no será permanente. La Tierra ya ha formado y destruido supercontinentes varias veces y, si el planeta continúa siguiendo ese ciclo geológico, el mundo del futuro podría terminar pareciéndose mucho más a Pangea de lo que imaginamos.