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Ciencia

En las costas de España, ver una ballena era un acontecimiento de una vez en la vida. Ahora aparecen más de 10 en un día y hasta las móbulas gigantes llegan en grupos: algo está cambiando bajo el agua

Buceadores de Granada están viendo ballenas, tortugas y móbulas con una frecuencia impensable hace unos años. La comida, las corrientes y unos inviernos marinos más suaves podrían estar detrás del cambio.
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Marcos González lleva prácticamente toda su vida entrando al Mediterráneo desde La Herradura, en Granada. Durante años conoció el ritmo casi de memoria: unas especies llegaban en verano, otras desaparecían con el invierno y encontrarse con determinados animales era algo que podía ocurrir dos o tres veces en toda una vida de buceo.

Ahora ese calendario parece haberse desordenado. En apenas los últimos años, él y otros buceadores han comenzado a encontrarse con ballenas, tortugas marinas, tiburones y grandes móbulas con una frecuencia completamente distinta. En una sola jornada llegaron a contabilizar más de diez cetáceos entre La Herradura y Almuñécar. Las móbulas son todavía más llamativas: González asegura que ni él, ni su padre ni pescadores veteranos recordaban verlas allí y ahora han llegado a observar grupos de diez o doce ejemplares.

No significa necesariamente que todas estas especies estén aumentando de población. Pero sí es una señal de que algo está modificando cuándo, dónde y durante cuánto tiempo aparecen en esta parte del Mediterráneo.

Una especie que era casi invisible ya está dejando decenas de registros

En las costas de España, ver una ballena era un acontecimiento de una vez en la vida. Ahora aparecen más de 10 en un día y hasta las móbulas gigantes llegan en grupos: algo está cambiando bajo el agua
© Generalitat de Catalunya.

Uno de los mejores ejemplos es Mobula mobular, la enorme raya pelágica conocida como móbula o diablo de mar. No se trata simplemente de una impresión de los buceadores de Granada. Un estudio publicado en 2026 analizó registros oportunistas y campañas de observación en el Mediterráneo español y documentó 101 avistamientos con 141 individuos desde 2020. Solo en 2024 se registraron 83 ejemplares, además de comportamientos de alimentación, cortejo e incluso reproducción.

Es especialmente llamativo porque Mobula mobular está clasificada globalmente como en peligro crítico en la evaluación más reciente recogida por FishBase, y puede superar los cinco metros de anchura. Su reproducción es extremadamente lenta, por lo que cualquier cambio en sus zonas de concentración tiene enorme interés científico.

Además, no todo son buenos indicios. La Fundación Oceanogràfic ya había advertido de un aumento de varamientos en el litoral mediterráneo español, con más de veinte casos registrados y episodios adicionales en Francia e Italia. Las causas siguen investigándose y podrían combinar factores oceanográficos, ambientales y humanos.

Las ballenas no buscan Granada: buscan lo que está ocurriendo debajo de ellas

En las costas de España, ver una ballena era un acontecimiento de una vez en la vida. Ahora aparecen más de 10 en un día y hasta las móbulas gigantes llegan en grupos: algo está cambiando bajo el agua
© Minguell, C.

Con los cetáceos, la explicación puede estar menos en la temperatura directa que en algo mucho más básico: la comida. Rorcuales y otros grandes cetáceos recorren enormes distancias siguiendo zonas productivas. Si las corrientes profundas llevan nutrientes hacia la superficie y provocan concentraciones de plancton o peces, los animales pueden permanecer más tiempo en un lugar que antes atravesaban rápidamente.

El mar de Alborán ya es una zona especialmente rica para los cetáceos. En una campaña realizada entre mayo y junio de 2026, el Instituto Español de Oceanografía recorrió 969 millas náuticas y acumuló 561 observaciones de fauna marina, incluidas decenas de encuentros con calderones y zifios.

Por eso ver más ballenas cerca de Granada no significa automáticamente que “hayan llegado especies nuevas”. Algunas siempre estuvieron en el Mediterráneo. Lo que puede estar cambiando son sus rutas, la disponibilidad de alimento o el tiempo que pasan cerca de la costa.

Y hay otro cambio más silencioso: el invierno ya no enfría igual

En las costas de España, ver una ballena era un acontecimiento de una vez en la vida. Ahora aparecen más de 10 en un día y hasta las móbulas gigantes llegan en grupos: algo está cambiando bajo el agua
© Animalia.

Las tortugas ofrecen una pista diferente. La Caretta caretta está expandiendo sus lugares de reproducción hacia el Mediterráneo occidental, un fenómeno que varios estudios relacionan con el cambio climático. Investigaciones recientes han confirmado que España recibe cada vez más hembras colonizadoras procedentes de distintas poblaciones mediterráneas y atlánticas.

La Estación Biológica de Doñana-CSIC ya había documentado incluso nidos en el mar de Alborán, una región donde hasta hace muy poco la reproducción era excepcional. Y no son solo los grandes animales. MedusApp ha registrado otro cambio llamativo: la medusa “huevo frito” pasó de representar el 12,1% de los avisos en 2020 al 27,8% en 2025, convirtiéndose en la especie más reportada de su base de datos mediterránea.

Por separado, una ballena, una tortuga o una móbula pueden ser simplemente un encuentro afortunado. Cuando quienes llevan décadas mirando el mismo mar empiezan a ver muchos animales distintos cambiando sus calendarios al mismo tiempo, la historia empieza a ser otra.

La costa de Granada quizá no esté recibiendo visitantes inesperados. Puede que estemos viendo, animal por animal, cómo el Mediterráneo está empezando a reorganizar quién vive allí, cuándo llega y cuánto tiempo decide quedarse.

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