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Ciencia

Momias de princesas guerreras, lenguas de oro y represas escondidas junto a una pirámide: los cinco hallazgos que sacudieron Egipto este julio

Un mes normal en la egiptología ya suele traer sorpresas. Julio de 2026 trajo, además de tumbas y ciudades enteras bajo la arena, algo mucho más inquietante: la prueba de que ciertas princesas egipcias, enterradas hace 4.000 años junto a dagas y arcos, en realidad sabían usarlos
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El 4 de julio, una misión dirigida por el arqueólogo egipcio Mahmoud Massoud presentó una ciudad residencial del siglo IV d.C. en el oasis de Dakhla, en pleno desierto líbico, en un estado de conservación sorprendente. Los arqueólogos exhumaron calles en cuadrícula, torres de vigilancia, una fortaleza, panaderías, talleres artesanales y viviendas con techos de adobe que permiten reconstruir con detalle la vida cotidiana de una aldea del desierto durante el período bizantino.

Entre los hallazgos destaca una gran basílica junto a la casa de un diácono identificado por su nombre, Tisous, además de monedas de oro y bronce, cerámica, herramientas y más de doscientos óstracos con inscripciones en copto y griego que registran transacciones comerciales y anotaciones personales de sus habitantes.

La tumba de un hombre llamado Paser, sellada durante 3.000 años

El 13 de julio, una misión de la Universidad de Leiden dirigida por la egiptóloga Carina van den Hoven anunció el hallazgo de una tumba de unos 3.000 años de antigüedad en la necrópolis de Sheikh Abd el Qurna, en la orilla occidental de Luxor. El sepulcro perteneció a un hombre llamado Paser y, por el estilo de sus inscripciones, se dató en el período ramésida, entre las dinastías XIX y XX.

La tumba conserva la arquitectura típica de los sepulcros privados del Reino Nuevo, con un patio exterior, una capilla excavada en la roca y varias cámaras funerarias subterráneas, decoradas con escenas donde Paser rinde culto a los dioses y aparece junto a su esposa ante una mesa de ofrendas.

Lenguas de oro y un sarcófago de 2,5 metros en la costa mediterránea

En el yacimiento de Marina El Alamein, la antigua Leukaspis, al oeste de Alejandría, un equipo dirigido por la arqueóloga Eman Abdel Khaliq desenterró dieciocho tumbas nuevas, con lo que el total documentado en el sitio llega a 48. El conjunto incluye once hipogeos excavados en roca y siete construcciones en superficie de época ptolemaica y romana.

Entre los objetos recuperados apareció un colosal sarcófago de granito de unos 2,5 metros con restos humanos en su interior, fragmentos de una esfinge de yeso y una estatua inacabada de Afrodita, prueba de la convivencia entre tradiciones egipcias y grecorromanas en la zona. Pero el hallazgo más llamativo fueron 24 amuletos conocidos como lenguas de oro: pequeñas láminas que se colocaban en la boca de los difuntos para que pudieran hablar y defenderse ante el tribunal de Osiris.

Represas ocultas junto a la Pirámide Roja: ¿así transportaban los bloques de piedra?

Uno de los hallazgos más relevantes del mes no vino de una excavación, sino de un análisis satelital. Un equipo internacional reconstruyó, mediante imágenes satelitales, modelos digitales y análisis hidrológicos, cómo era el paisaje de Dahshur hace unos 4.500 años, y encontró que la zona, lejos de ser un desierto árido, estaba atravesada por cauces y zonas inundables. El estudio plantea que dos estructuras de piedra junto a la Pirámide Roja, hasta ahora consideradas posibles rampas, podrían haber sido en realidad presas para controlar las crecidas del wadi Dahshur, parte de un sistema hidráulico que también habría facilitado el transporte fluvial de los bloques de piedra usados en la construcción de la pirámide.

Las princesas que no solo posaban con arcos: sabían usarlos

El hallazgo más inquietante del mes, sin embargo, fue bioarqueológico. Una investigación firmada por Zeinab Hashesh, de la Universidad de Beni Suef, junto a Ahmed Gabr, del Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, y Roxie Walker, del Instituto de Bioarqueología de Londres, reexaminó los restos de cinco princesas y el rey Hor, hallados en Dahshur entre 1894 y 1895 por el arqueólogo francés Jacques de Morgan y perdidos durante más de un siglo hasta ser redescubiertos en el Museo Egipcio en 2020.

El análisis óseo reveló inserciones musculares marcadas, compatibles con un entrenamiento intensivo y sostenido en el manejo de arco y flecha. Hashesh explicó que los miembros de la familia real, en especial las mujeres, participaron activamente en actividades físicas exigentes como el tiro con arco y la caza, una conclusión respaldada por cómo se desarrollaron sus huesos para sostener ese uso muscular intenso, algo que se corresponde directamente con las armas halladas en sus tumbas.

Los huesos también mostraban fracturas ya cicatrizadas en vida, lo que aporta información sobre las lesiones que sufrieron estas mujeres y sobre la capacidad de la medicina egipcia de la época para tratarlas. El estudio no prueba que combatieran en batallas reales, pero sí que el entrenamiento en el manejo de armas fue, para al menos algunas de ellas, mucho más que un gesto simbólico.

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