Durante buena parte del siglo XX, el calentamiento global fue un proceso lento, casi imperceptible de un año a otro. Esa etapa terminó. Según un nuevo informe elaborado por un grupo internacional de científicos, la velocidad a la que sube la temperatura del planeta se ha duplicado en las últimas décadas, y el límite de 2 °C que el mundo se propuso evitar podría superarse antes de mediados de siglo.
El trabajo, publicado el 14 de octubre en la revista BioScience, es la séptima edición del informe anual sobre el estado del clima que coordinan William Ripple, de la Universidad Estatal de Oregón, y Christopher Wolf. Cada año revisa un conjunto de «signos vitales» del planeta, desde la concentración de gases de efecto invernadero hasta el hielo de Groenlandia, para medir hacia dónde va la crisis climática.
Un calentamiento que se acelera

El dato más llamativo del informe tiene que ver con la velocidad. Entre 1970 y 2010, la temperatura global subió a un ritmo de unos 0,19 °C por década. Desde 2010, ese ritmo pasó a unos 0,36 °C por década, casi el doble. Si se compara con el periodo entre 1880 y 1970, cuando el aumento era de unos 0,05 °C por década, la diferencia es todavía más marcada.
A ese ritmo, los autores estiman que el planeta podría superar los 2 °C de calentamiento respecto de la era preindustrial antes de 2050. Es el límite que el Acuerdo de París fijó como máximo, con el objetivo más ambicioso de mantenerlo en 1,5 °C.
La Organización Meteorológica Mundial confirma la tendencia. 2024 fue el año más cálido desde que existen registros, con unos 1,55 °C por encima del promedio preindustrial, y 2025 se ubicó entre los tres más cálidos, con 1,44 °C, a pesar de la influencia del fenómeno de La Niña, que suele enfriar el planeta. Los últimos 11 años son los 11 más cálidos jamás registrados.
Siete récords en un mismo año
De los 16 indicadores climáticos que analiza el informe, siete alcanzaron niveles récord. Las concentraciones de los tres principales gases de efecto invernadero, dióxido de carbono, metano y óxido nitroso, nunca habían sido tan altas. En mayo de 2026, el dióxido de carbono superó las 428 partes por millón, alrededor de un 50% más que antes de la Revolución Industrial.
Los otros récords están en el océano y el hielo. El contenido de calor de los océanos, que absorben cerca del 90% del exceso de energía que atrapan los gases de efecto invernadero, sigue aumentando a un ritmo cada vez mayor. El nivel del mar también está en su punto más alto. Y tanto el espesor de los glaciares del mundo como la masa de hielo de Groenlandia están en mínimos históricos.
Detrás de esas cifras está el consumo de energía. En 2025, el uso de combustibles fósiles creció un 0,9%, con el petróleo, el carbón y el gas en niveles récord. Las emisiones de dióxido de carbono vinculadas a la energía superaron por primera vez los 41.000 millones de toneladas.
El riesgo de los puntos de no retorno

El informe advierte que la aceleración del calentamiento aumenta el riesgo de cruzar los llamados puntos de inflexión, cambios que una vez desencadenados pueden volverse irreversibles. Entre ellos menciona el debilitamiento de la circulación de vuelco meridional del Atlántico, una gran corriente oceánica que regula el clima de buena parte del hemisferio norte, la posible transformación de partes de la Amazonia en sabana y el derretimiento abrupto de las capas de hielo de Groenlandia y la Antártida occidental.
Nico Wunderling, investigador del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático, que no participó en el trabajo, señaló que hay evidencia de que no solo la temperatura, sino también la velocidad del calentamiento, podría influir en el debilitamiento de esa corriente atlántica. Por eso, dijo, estas tendencias deben monitorearse de cerca.
El informe también repasa eventos extremos recientes que, según los autores, fueron al menos en parte atribuibles al cambio climático. Entre ellos, el huracán Melissa, que en octubre de 2025 dejó 95 muertos en el Caribe, y la ola de calor que afectó a Europa en junio de 2026, con unas 14.000 muertes según estimaciones preliminares.
Las buenas noticias que no alcanzan
No todo es negativo. En 2025, las energías renovables superaron al carbón como fuente de generación eléctrica a nivel mundial por primera vez en más de un siglo. El consumo de energía solar y eólica creció alrededor de un 18%, y las fuentes bajas en carbono ya aportan cerca del 43% de la electricidad del planeta. Ripple calificó ese cambio como un punto de inflexión importante.
El problema es que ese crecimiento todavía no compensa el aumento del consumo de combustibles fósiles. Las renovables se suman a la matriz energética, pero no la están reemplazando al ritmo necesario. Por eso, los autores sostienen que reducir emisiones ya no será suficiente por sí solo: harán falta también medidas de adaptación y, probablemente, tecnologías para retirar dióxido de carbono de la atmósfera.
Entre las acciones que proponen de forma inmediata figuran la restauración de manglares, la expansión de la energía solar distribuida y los cambios hacia dietas con más alimentos de origen vegetal. Como en ediciones anteriores, el informe insiste en que los países que menos contribuyeron a las emisiones históricas, como las naciones insulares pequeñas, son los que sufren primero los peores impactos.