La inflamación crónica es un proceso que suele permanecer oculto durante años mientras afecta distintos órganos y sistemas del cuerpo. Aunque muchas veces se atribuye únicamente al envejecimiento o al estrés, algunos especialistas sostienen que existen factores menos evidentes que pueden mantener al organismo en un estado inflamatorio constante. Un reconocido médico presentó un modelo que busca identificar esas causas y plantea una estrategia diferente para abordar enfermedades persistentes.
Un enfoque que busca ir más allá del diagnóstico tradicional
Durante una entrevista en el podcast The Dr. Hyman Show, el médico Richard Horowitz expuso una visión diferente sobre el origen de muchas enfermedades crónicas. Según explicó, durante décadas atendió a pacientes que habían pasado por numerosos especialistas sin encontrar una explicación clara para síntomas persistentes como fatiga, dolor, problemas cognitivos o trastornos neurológicos.
Esa experiencia lo llevó a cuestionar el enfoque convencional, centrado principalmente en asignar un diagnóstico y tratar los síntomas con medicamentos específicos. Para Horowitz, ese método deja sin explorar una serie de factores que podrían estar actuando de manera simultánea y alimentando la inflamación del organismo.
Uno de los ejemplos que mencionó fue la enfermedad de Lyme, una infección provocada por la bacteria Borrelia burgdorferi, transmitida por la picadura de determinadas garrapatas. Esta enfermedad puede comprometer las articulaciones, el sistema nervioso y el corazón, y en algunos pacientes los síntomas persisten incluso después del tratamiento antibiótico habitual.
Sin embargo, el especialista sostiene que el problema no se limita únicamente a esta infección. Según indicó, con frecuencia aparecen también otros microorganismos transmitidos por garrapatas, especialmente Babesia y Bartonella, por lo que denomina a este conjunto «las tres B», un escenario que considera mucho más complejo que el abordaje tradicional.

El modelo que relaciona múltiples factores con la enfermedad crónica
A partir de años de experiencia clínica, Horowitz desarrolló el modelo conocido como MSIDS (Síndrome de Enfermedad Infecciosa Sistémica Múltiple), una propuesta que reúne 16 factores capaces de interactuar entre sí y favorecer la aparición o persistencia de diversas enfermedades.
De acuerdo con su planteo, patologías tan diferentes como la fatiga crónica, la artritis reumatoide, la esclerosis múltiple, algunos trastornos del espectro autista e incluso ciertas formas de deterioro cognitivo podrían compartir mecanismos inflamatorios similares.
El médico explicó que este sistema fue evaluado mediante cuestionarios clínicos aplicados a alrededor de 1.600 pacientes, con el objetivo de ayudar tanto a médicos como a personas afectadas a revisar de manera ordenada cada posible causa sin pasar por alto ningún elemento relevante.
Para Horowitz, comprender la enfermedad como el resultado de múltiples procesos simultáneos permite elaborar tratamientos más personalizados y evitar que solo se controle una parte del problema mientras otras continúan activas.
Las seis fuentes de inflamación que identifica el especialista
Dentro de su propuesta, Horowitz resume las principales causas en seis grandes grupos, a los que denomina «ríos de inflamación».
El primero corresponde a las infecciones persistentes. Aquí incluye bacterias como Borrelia y Bartonella, virus que pueden reactivarse tras permanecer latentes durante años (como Epstein-Barr o el herpesvirus humano tipo 6) y hongos como Candida.
El segundo grupo está relacionado con la exposición a toxinas ambientales, especialmente metales pesados como mercurio, arsénico y cadmio, que según explicó pueden acumularse en el organismo y alterar múltiples funciones biológicas.
El tercer factor es la presencia de moho y micotoxinas. Horowitz afirmó que estas sustancias pueden afectar el funcionamiento de las mitocondrias y debilitar la respuesta inmunológica, señalando que una elevada proporción de sus pacientes presenta evidencia de exposición.
Los otros tres elementos incluyen las alteraciones del microbioma intestinal y el aumento de la permeabilidad intestinal, las deficiencias de minerales y vitaminas esenciales (como magnesio, zinc y cobre) y los trastornos del sueño, que a su juicio no solo son consecuencia de la enfermedad, sino también un factor que perpetúa la inflamación.
Estudios específicos y un protocolo terapéutico que genera debate
El especialista también señaló que algunos casos requieren estudios de laboratorio más sensibles para detectar infecciones que podrían pasar inadvertidas en los análisis convencionales. Entre ellos mencionó pruebas específicas para Borrelia, Bartonella y Babesia, además de análisis destinados a identificar micotoxinas, niveles de metales pesados y posibles deficiencias nutricionales.
Otro de los aspectos más destacados de la entrevista fue la explicación de un protocolo terapéutico de nueve semanas desarrollado para pacientes con enfermedad de Lyme persistente. Este tratamiento combina dapsona, doxiciclina, rifampicina y azitromicina.
Horowitz explicó que decidió incorporar la dapsona después de investigaciones que describieron a la bacteria responsable del Lyme como un microorganismo capaz de sobrevivir a tratamientos antibióticos tradicionales mediante estados de persistencia y formación de biopelículas.
Según indicó, los estudios que publicó muestran mejoras estadísticamente significativas en síntomas como el dolor, la fatiga y la llamada «niebla mental». Además, mencionó un trabajo reciente en el que observó una disminución del biomarcador p-tau 217 en una paciente con una larga evolución de enfermedad de Lyme, un hallazgo que considera prometedor y que podría abrir nuevas líneas de investigación, aunque aún requiere confirmación mediante estudios más amplios.
La importancia de tratar las causas y no solo las consecuencias
Para Horowitz, cuando la inflamación permanece activa durante largos períodos puede desencadenar una serie de efectos en cadena que afectan distintos sistemas del organismo. Entre ellos mencionó alteraciones hormonales, disfunción mitocondrial, enfermedades autoinmunes, insuficiencia suprarrenal y el síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS).
El especialista sostiene que intervenir únicamente sobre estas complicaciones sin identificar qué mantiene activa la inflamación puede ofrecer beneficios limitados o temporales. Por ello propone una evaluación integral que permita detectar todos los factores implicados antes de diseñar un tratamiento.
Aunque muchas de sus hipótesis continúan siendo objeto de debate dentro de la comunidad científica y requieren mayor evidencia clínica, su modelo busca ofrecer una perspectiva más amplia sobre enfermedades complejas, invitando a considerar que detrás de síntomas persistentes podrían coexistir múltiples causas que merecen ser investigadas de forma conjunta.
[Fuente: Infobae]