Foto: Qijin Xu (Unsplash)

El pulpo es una delicatessen gastronómica en muchos lugares del mundo. Su condición de animal escaso también hace que su carne sea cara. ¿Y si se pudieran criar pulpos como se crían truchas o mejillones? Según los biólogos es una idea absolutamente desastrosa.

Vaya por delante que si los seres humanos aún no hemos montado granjas de pulpos para su consumo es única y exclusivamente porque no hemos encontrado la manera. En la última década ha habido varios proyectos experimentales para criar pulpos en México o Japón, pero ninguno ha logrado superar los numerosos obstáculos de criar esta especie desde cero en un hábitat controlado. Solo lograr que los huevos eclosionen con éxito ya es complicadísimo.

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Un nuevo estudio recién publicado en Issues in Science and Technology explica las razones por las que no deberíamos seguir con esta idea por muy tentadora que nos resulte la idea de un suministro ilimitado de Pulpo a Feira. La primera de esas razones es de índole ético y se resume en una frase: criar pulpos en cautividad es una crueldad.

Los pulpos son famosos por una inteligencia muy poco común entre los animales marinos. No hemos sido capaces de medir el alcance de esa inteligencia, pero sabemos que son capaces de resolver problemas complejos, reconocer diferentes seres humanos, recordar soluciones a problemas y manipular objetos hasta cierto grado.

Se han registrado casos de pulpos que han sido capaces de escapar de su cautiverio mediante complejos planes de fuga. Si la idea de una gran evasión protagonizada por cientos de pulpos no te resulta inquietante quizá lo sea el hecho de que las condiciones de vida en una granja son un auténtico infierno para estos animales. Los biólogos conocen de sobra la inteligencia de los pulpos y saben que el cautiverio les genera estrés solo de puro aburrimiento. El cerebro de los pulpos necesita estímulos constantes y un entorno que poder explorar, controlar y manipular. Los cuidadores de acuarios suelen dejar juguetes a disposición de los ejemplares que viven en cautividad. Cuando se estresan, los pulpos se muestran agresivos y pueden caer en comportamientos extremos como el canibalismo o la automutilación. Las lesiones de este tipo a menudo derivan en infecciones que pueden transmitirse de un animal a otro.

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Si la idea de un tanque lleno de pulpos hacinados, enfermos y estresados no te resulta lo bastante deplorable, los autores del estudio esgrimen otras razones más prácticas. La primera es que una granja de pulpos puede convertirse en una auténtica catástrofe medioambiental. Los pulpos son cazadores. Se alimentan de animales vivos desde que son larvas, y requieren una enorme cantidad de alimento (hasta tres veces su propio peso corporal hasta que alcanzan la madurez).

Un plato de pulpo
Foto: Jesse Hanley (Unsplash)

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Ese cebo vivo tiene que salir de alguna parte. Las actuales piscifactorías ya se nutren de otras granjas que producen peces vivos como alimento, pero estas plantas ya funcionan a tope. Una granja de pulpos sería sencillamente insostenible y no solo podría producir daños importantes en el ecosistema por contaminación fecal. Además la presión sobre las granjas productoras de alimento supondrían problemas en la calidad de la carne y la seguridad alimentaria.

“Nuestra esperanza es que incluso aunque criar pulpos se convierta en una opción viable, la sociedad reconozca los problemas de salud y medioambientales asociados a semejante idea”, explican los autores. El estudio termina pidiendo a los investigadores que estudian la viabilidad de granjas de pulpos que opten por líneas de desarrollo más sostenibles. [Issues in Science and Technology vía Science Alert]