Mientras las grandes compañías tecnológicas intentan imaginar cómo serán las computadoras del futuro, una comunidad cada vez mayor dedica años y grandes cantidades de dinero a recuperar las máquinas del pasado.
Apple II, Commodore, Atari, IBM y estaciones Xerox que hoy parecen primitivas están regresando a la vida en garajes, museos y festivales especializados.
Uno de esos coleccionistas es Josh Dersch, ingeniero de software de Seattle que calcula tener más de 200 computadoras y dispositivos antiguos en su casa. Su afición no consiste simplemente en almacenarlos: dedica horas a reparar circuitos, unidades de disco y componentes para conseguir que vuelvan a funcionar exactamente como hace décadas.
Un festival pasó de 150 personas a más de 3.500
La magnitud del fenómeno puede verse en el Vintage Computer Festival West, celebrado a comienzos de agosto en el Computer History Museum de Mountain View, California.
Este año reunió a más de 3.500 asistentes durante dos días, coincidiendo además con el 50º aniversario de Apple. En el escenario aparecieron figuras directamente relacionadas con los orígenes de la compañía, incluidos Steve Wozniak y Ronald Wayne.
El contraste con los comienzos resulta llamativo.
Sellam Ismail organizó el primer festival en 1997 y reunió aproximadamente a 150 aficionados. Hoy existen más de una docena de encuentros similares en ciudades de Norteamérica, Sudamérica y Europa. También se han impulsado festivales en países como Argentina, Alemania y Suiza.

Algunas computadoras antiguas ya cuestan millones
La nostalgia es solamente una parte del fenómeno. También existe un mercado de objetos tecnológicos que empieza a parecerse al del arte o los automóviles históricos.
Los Apple-1, primeros productos comerciales de Apple, llevan años vendiéndose por cientos de miles de dólares. Pero algunas piezas excepcionales han llegado mucho más lejos.
En enero de 2026, el Apple-1 Prototype Board #0, considerado el primer prototipo conocido de fibra de vidrio utilizado para validar el diseño antes de la producción comercial, fue vendido por RR Auction por 2,75 millones de dólares. La estimación inicial había sido de 500.000 dólares.
Eso no significa que cualquier computadora de los años 70 guardada en un garaje valga una fortuna. El precio depende de la rareza, procedencia, estado, documentación y relevancia histórica.
El Xerox Alto explica por qué alguien pasa años reparando una computadora
Dersch llevó al festival una de las joyas de su colección: un Xerox Alto completamente funcional, desarrollado en Xerox PARC durante la década de 1970.
El Alto fue una de las máquinas pioneras en utilizar conjuntamente ratón, ventanas, iconos y una interfaz gráfica, conceptos que posteriormente se convertirían en elementos básicos de la informática personal.
Para los asistentes, la diferencia respecto de un museo tradicional es fundamental: muchas de estas computadoras pueden tocarse y utilizarse.
Se pueden escuchar nuevamente los sonidos de sus disqueteras, escribir en teclados de hace cuatro décadas o jugar versiones originales de títulos como Pong y Space Invaders.
As the technology world races toward artificial intelligence, a growing number of enthusiasts are looking back to the early days of computing by collecting and restoring vintage computers.
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— The Business Standard (@tbsnewsbd) August 11, 2026
Cuanto más rápida avanza la tecnología, más interés genera su origen
Erik Klein, presidente de la Vintage Computer Federation, asegura que el interés por la historia informática continúa creciendo y que la demanda también se está reflejando en los mercados de segunda mano. Él mismo llegó a acumular unos 150 sistemas completos antes de reducir su colección porque ocupaba armarios y garajes enteros.
Hay algo paradójico en el momento elegido para este renacimiento.
Mientras la IA intenta hacer que la tecnología sea cada vez más invisible, automática y difícil de comprender desde fuera, las computadoras antiguas ofrecen exactamente lo contrario: máquinas en las que todavía resulta posible seguir un cable, abrir una placa y entender prácticamente todo el sistema de principio a fin.
Quizá por eso, mientras Silicon Valley corre obsesionado hacia el futuro, cada vez más personas están pagando por conservar el momento exacto en que ese futuro empezó.