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Ciencia

Los científicos llevan décadas intentando comprender por qué perdemos recuerdos al envejecer. Ahora han descubierto que algunas ondas del cerebro dejan de trabajar juntas mientras dormimos

Científicos de Berkeley descubrieron que ciertas ondas cerebrales pierden coordinación durante el sueño profundo. El fenómeno está relacionado con la proteína tau y podría ayudar a explicar la pérdida de memoria al envejecer.
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Olvidar dónde dejamos las llaves, el nombre de alguien que acabamos de conocer o lo que hicimos hace unos días puede parecer una consecuencia inevitable del envejecimiento. Sin embargo, los científicos llevan décadas intentando comprender qué ocurre dentro del cerebro para que esos recuerdos comiencen a desvanecerse. Una nueva investigación aporta una pista sorprendente: algunas ondas cerebrales que normalmente trabajan juntas durante el sueño empiezan a comportarse de manera aislada.

El descubrimiento procede de la Universidad de California en Berkeley. Sus investigadores identificaron una relación entre la acumulación de proteína tau, asociada con el Alzheimer, la pérdida de coordinación de determinadas ondas eléctricas durante el sueño profundo y una menor capacidad para conservar recuerdos.

Los resultados, publicados originalmente el 11 de septiembre de 2026 en Nature Neuroscience, recibieron nueva difusión científica este 5 de noviembre. El hallazgo no demuestra que dormir mal provoque Alzheimer, pero ayuda a comprender cómo los cambios que ocurren durante la noche podrían relacionarse con el deterioro de la memoria.

El cerebro produce ondas que recorren grandes distancias mientras dormimos, pero algo cambia con la edad

Los científicos llevan décadas intentando comprender por qué perdemos recuerdos al envejecer. Ahora han descubierto que algunas ondas del cerebro dejan de trabajar juntas mientras dormimos
Los electroencefalogramas permiten registrar las ondas eléctricas del cerebro durante el sueño. Estas señales ayudan a estudiar cómo se coordina la actividad neuronal. © Stephanie Huwiler & Silvia Hofer / ETH Zürich.

Durante el sueño profundo, especialmente en las fases sin movimientos oculares rápidos, enormes grupos de neuronas alternan sus periodos de actividad y reposo. Esa sincronización genera ondas eléctricas lentas que se propagan por diferentes regiones del cerebro.

Estas ondas participan en procesos necesarios para consolidar recuerdos, es decir, transformar información recién adquirida en memorias que pueden conservarse durante más tiempo.

El equipo dirigido por Omer Sharon comparó la actividad cerebral de adultos jóvenes con la de personas de entre 60 y 75 años. Mediante electroencefalogramas descubrió que, en los participantes más jóvenes, las ondas lentas podían desplazarse de manera coordinada por amplias regiones del cerebro.

En los adultos mayores, en cambio, recorrían distancias más cortas y aparecían de forma independiente. Los científicos las denominaron lonely waves, u «ondas solitarias».

Según explica la Universidad de California en Berkeley, cuanto mayor era esta desorganización, peor resultaba la capacidad de los participantes para recordar asociaciones de palabras aprendidas antes de acostarse.

El equipo también utilizó tomografía por emisión de positrones para medir la acumulación de proteína tau en el cerebro. Los resultados mostraron que las personas con mayor presencia de esta proteína en la corteza frontal tendían a producir ondas menos coordinadas.

Una proteína relacionada con el Alzheimer podría estar alterando cómo guardamos los recuerdos

Los científicos llevan décadas intentando comprender por qué perdemos recuerdos al envejecer. Ahora han descubierto que algunas ondas del cerebro dejan de trabajar juntas mientras dormimos
Científicos de Berkeley descubrieron que ciertas ondas cerebrales pierden coordinación durante el sueño profundo. © Shutterstock / Selvanegra.

La proteína tau cumple funciones normales dentro de las neuronas, pero su acumulación anormal está relacionada con enfermedades neurodegenerativas, especialmente el Alzheimer.

Lo llamativo del estudio es que los participantes mayores no tenían necesariamente un diagnóstico de esta enfermedad. Algunos presentaban acumulaciones de tau y diferencias en la coordinación de las ondas cerebrales mientras mantenían un funcionamiento cognitivo dentro de los rangos esperables para su edad.

Los científicos también siguieron a parte de los participantes durante varios años. Aquellos en quienes aumentaba la acumulación de tau mostraban un deterioro paralelo en la coordinación de las ondas y en su capacidad para conservar información durante la noche.

Una segunda investigación, realizada con muestras de líquido cefalorraquídeo de otro grupo de adultos mayores, encontró resultados compatibles con esa relación.

Los científicos llevan décadas intentando comprender por qué perdemos recuerdos al envejecer. Ahora han descubierto que algunas ondas del cerebro dejan de trabajar juntas mientras dormimos
Los electroencefalogramas permiten registrar las ondas eléctricas del cerebro durante el sueño. Estas señales ayudan a estudiar cómo se coordina la actividad neuronal. © Stephanie Huwiler & Silvia Hofer / ETH Zürich.

La investigación original plantea que los patrones de sueño podrían convertirse en herramientas útiles para estudiar los cambios tempranos de memoria. Sin embargo, todavía no está claro qué ocurre primero: si la acumulación de tau altera las ondas cerebrales o si los cambios del sueño contribuyen a la acumulación de la proteína. Tampoco existe, a partir de estos resultados, una prueba del sueño capaz de diagnosticar Alzheimer de forma independiente.

El descubrimiento revela que el cerebro no solamente necesita dormir para conservar recuerdos: también necesita que millones de neuronas mantengan una coordinación extraordinariamente precisa durante la noche. Cuando esa sincronización comienza a fallar, parte de la información que aprendimos durante el día podría dejar de consolidarse correctamente.

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