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Ciencia

Podés ponerle tu nombre a una tormenta: el curioso sistema que permite hacerlo

Las tormentas reciben nombres propios para facilitar su identificación y mejorar las alertas meteorológicas. Sin embargo, detrás de esta práctica existe una historia sorprendente: desde listas internacionales que se repiten cada seis años hasta un programa alemán que permite a cualquier persona pagar para bautizar un sistema de presión atmosférica.
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Cada vez que una tormenta importante amenaza una región, los medios de comunicación comienzan a repetir un nombre que rápidamente se vuelve familiar. Katrina, Gloria o Filomena son algunos ejemplos de fenómenos meteorológicos que quedaron grabados en la memoria colectiva.

Pero ¿alguna vez te preguntaste quién decide cómo se llaman las tormentas y por qué reciben nombres de personas? Aunque parezca una elección arbitraria, detrás de esta práctica existen organismos meteorológicos, acuerdos internacionales y una tradición que comenzó hace varias décadas.

Lo más curioso es que, en determinadas circunstancias, cualquier persona puede participar en el proceso y pagar para que un sistema meteorológico lleve el nombre que eligió.

¿Por qué las tormentas tienen nombres propios?

El principal objetivo de asignar nombres a los fenómenos meteorológicos es facilitar su identificación y mejorar la comunicación de los riesgos.

Cuando varias tormentas afectan una región, utilizar denominaciones específicas permite que las autoridades, los medios y la población comprendan rápidamente a cuál se refieren las advertencias. Esta práctica también ayuda a evitar confusiones y favorece la difusión de recomendaciones de seguridad.

Sin embargo, no existe una única institución encargada de nombrar todas las tormentas del planeta. El procedimiento depende de la región y del tipo de fenómeno meteorológico.

Los nombres de las tormentas no son casualidad: así funciona el sistema que los elige
© Marcus Woodbridge – Youtube.

El curioso origen de los nombres de las tormentas en Europa

Una de las tradiciones más antiguas comenzó en 1954, cuando el Instituto de Meteorología de la Universidad Libre de Berlín empezó a asignar nombres a sistemas de altas y bajas presiones.

Con el tiempo, esta iniciativa dio origen a un programa llamado Wetterpate, conocido internacionalmente como Adopt a Vortex.

A través de este proyecto, los ciudadanos pueden proponer nombres para determinadas depresiones y anticiclones mediante una contribución económica. Los nombres siguen un orden alfabético y alternan entre masculinos y femeninos según el año y el tipo de sistema atmosférico.

No obstante, esta tradición alemana no debe confundirse con los sistemas oficiales de nombramiento de borrascas de alto impacto utilizados en otras regiones europeas.

¿Cómo se eligen actualmente los nombres en España?

En el suroeste de Europa, los servicios meteorológicos de España, Francia, Portugal, Bélgica, Luxemburgo y Andorra trabajan de manera coordinada.

Cada temporada elaboran una lista de nombres que se utiliza cuando una borrasca o una dana puede provocar impactos importantes. Para la temporada 2026-2027, por ejemplo, la lista comienza con Adam, Bruna, Charles y Diane.

El organismo que primero prevé emitir alertas meteorológicas de suficiente gravedad asigna el siguiente nombre disponible, que normalmente se conserva durante toda la evolución del fenómeno.

¿Quién decide los nombres de los huracanes?

En el océano Atlántico, el sistema funciona de manera diferente.

Las listas de nombres son aprobadas por un comité internacional de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), mientras que el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos se encarga de asignarlos a las tormentas tropicales que se forman en su área de responsabilidad.

Existen seis listas que se reutilizan de manera rotativa cada seis años, con nombres masculinos y femeninos alternados.

Sin embargo, hay una excepción importante: cuando un huracán provoca consecuencias especialmente devastadoras, su nombre puede retirarse definitivamente. Esto ocurrió con Katrina, que afectó gravemente a Estados Unidos en 2005 y cuyo nombre fue eliminado de las listas futuras.

Así, lo que parece una simple curiosidad meteorológica es en realidad un sistema internacional pensado para comunicar peligros, mejorar la prevención y recordar algunos de los fenómenos naturales más destructivos de la historia.

 

 

Fuente: Futura Science.

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