Durante casi cinco décadas, China llevó adelante un gigantesco proyecto ambiental destinado a frenar el avance de los desiertos. Con aproximadamente 78.000 millones de árboles plantados desde la década de 1980, el país consiguió transformar extensas regiones áridas y construir una barrera vegetal de miles de kilómetros.
Sin embargo, un estudio publicado en la revista científica Earth’s Future reveló una consecuencia inesperada: los cambios en la vegetación también están alterando la circulación de la humedad y la disponibilidad de agua en diferentes regiones del territorio chino.
El descubrimiento plantea una paradoja ambiental. Aunque la reforestación puede ayudar a combatir la erosión y capturar dióxido de carbono, también puede aumentar el consumo de agua en lugares donde este recurso ya es escaso.

La gigantesca muralla verde que China construyó durante 46 años
En noviembre de 2024, China anunció la finalización de un cinturón verde de 3.046 kilómetros alrededor del desierto de Taklamakán, uno de los mayores desiertos de arena móvil del planeta.
La iniciativa forma parte del Programa de Protección Forestal de las Tres Regiones del Norte, iniciado en 1978 para combatir la desertificación y reducir las tormentas de polvo.
El proyecto, conocido como la Gran Muralla Verde china, continuará desarrollándose hasta 2050. Durante décadas, las autoridades impulsaron la plantación de árboles y la recuperación de pastizales para estabilizar los suelos y ampliar las superficies vegetadas.
Sin embargo, los científicos comenzaron a investigar cómo estas transformaciones afectan otro recurso esencial: el agua.
¿Por qué plantar más árboles puede reducir la disponibilidad de agua?
Una investigación realizada por especialistas de universidades de China y Países Bajos analizó los cambios en el uso y la cobertura del suelo entre 2001 y 2020.
Los resultados mostraron que el aumento de la vegetación elevó la evapotranspiración, un proceso mediante el cual el agua del suelo pasa a la atmósfera a través de la evaporación y la actividad de las plantas.
Aunque las precipitaciones también aumentaron, la cantidad de agua disponible disminuyó, porque la pérdida adicional de humedad superó el incremento de las lluvias. Los investigadores descubrieron que parte de esa humedad fue transportada por las corrientes atmosféricas hacia la meseta tibetana, donde aumentó la disponibilidad hídrica.
En cambio, las regiones orientales y el árido noroeste de China experimentaron una reducción, siendo esta última la zona más afectada.
Es importante señalar que el estudio analizó distintos cambios de vegetación y uso del suelo, no exclusivamente las plantaciones de árboles.
Un beneficio climático que también presenta desafíos
La investigación no significa que la reforestación sea perjudicial en todos los casos. De hecho, otro estudio publicado en enero de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences identificó un beneficio importante del proyecto chino.
Mediante el análisis de observaciones satelitales, los científicos encontraron que las nuevas zonas vegetadas del Taklamakán están contribuyendo a absorber dióxido de carbono de la atmósfera.
Esto demuestra que una misma intervención ambiental puede aportar beneficios climáticos y generar desafíos para los recursos hídricos.
Los especialistas consideran que las futuras estrategias de restauración deben adaptarse a las condiciones de cada ecosistema, especialmente en regiones donde el agua es limitada.
El caso de China deja una enseñanza para otros proyectos de reforestación: plantar millones de árboles puede transformar un paisaje, pero garantizar sus beneficios a largo plazo requiere comprender cómo interactúan la vegetación, el suelo y el ciclo del agua.