Imagen: The Green Inferno (Open Road Films)

Si eliminamos de la ecuaci√≥n todas las cuestiones √©ticas y morales que existen acerca del canibalismo, ¬Ņqu√© otras razones deber√≠amos tener en cuenta si quisi√©ramos pasarnos a una dieta rica en grasa humana? Dicho de otra forma, hay una raz√≥n (nutricional) por la que comernos los unos a los otros no es lo m√°s adecuado.

De esto va una de las √ļltimas piezas de los chicos de Science Insider, quienes desgranan las razones por las que no deber√≠amos regresar a un momento de la historia donde el canibalismo era un remedio m√©dico de lo m√°s popular.

Y es que en el siglo XVII la grasa humana, la sangre y los huesos se usaban para tratar casi de todo, desde la gota hasta las hemorragias nasales. Obviamente, muchas cosas han cambiado desde entonces, pero como decíamos al comienzo, hay muchas más razones que las morales para eliminar a tu vecino de la dieta.

Para empezar, ahora sabemos que la carne humana es una fuente de calor√≠as sorprendentemente baja en comparaci√≥n con otras carnes rojas. Seg√ļn un estudio, el m√ļsculo humano contiene aproximadamente 1.300 calor√≠as por kilogramo. Eso es mucho menos que la carne de vaca y nada comparado con la carne de oso o jabal√≠, por ejemplo.

Siendo así, se podría pensar que la carne humana podría pasar por hamburguesas perfectas como alternativa bajas en calorías (hasta que recuerdes que probablemente estás tratando de comer humanos porque te mueres de hambre).

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Con todo, no vale la pena correr el riesgo. Resulta que los humanos tenemos algunas enfermedades bastante desagradables que hacen que la intoxicaci√≥n alimentaria durante las primeras 24 horas parezca un resfriado. En el supuesto de que te comas a alguien crudo, o ‚Äúpoco hecho‚ÄĚ, corres el riesgo de contraer cualquier enfermedad transmitida por la sangre.

Pero incluso si cocinas bien la carne, no siempre sale bien. Un ejemplo de ello son la tribu Fore de Papua Nueva Guinea. Se com√≠an el cuerpo y el cerebro de los miembros de la familia fallecidos como tradici√≥n cultural. Sin embargo, dicha pr√°ctica se detuvo despu√©s de que cientos de personas murieron en los a√Īos 50 y 60 de un trastorno neurol√≥gico. La raz√≥n: la ingesta de cerebros humanos infectados.

Al parecer, el tejido cerebral contenía priones, proteínas mortales mal plegadas que forman agujeros esponjosos en el cerebro. Sobreviven al proceso de cocción y, si se comen, son altamente contagiosos.

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Imagen: public domain

Por cierto, curiosamente y si nos ce√Īimos al aspecto legal, el canibalismo se encuentra en una zona gris. Por extra√Īo que parezca, en s√≠ mismo no es ilegal en lugares como Estados Unidos o Reino Unido, aunque es bastante posible que por el camino hayas cometido alg√ļn delito para obtener ese trozo de carne humana.

As√≠ que si un d√≠a te da por esta dieta tan gore, la f√≥rmula para no acabar en prisi√≥n es comerte t√ļ mismo. S√≠, el auto canibalismo no es delito, aunque igual es tu √ļltima cena.

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Lo más parecido que tenemos en la sociedad actual es la llamada placentofagia, cuando una mujer (o Tom Cruise) se come su placenta después de dar a luz. La idea es que puede aumentar los niveles de energía y reducir el riesgo de depresión posparto al estabilizar las hormonas. Incluso actualmente hay empresas estadounidenses que trituran la placenta en polvo para que pueda tomarse como cualquier otro suplemento vitamínico.

Y no, la ciencia no tiene nada claro que esto tenga alg√ļn tipo de beneficio real. De hecho, el CDC advierte que incluso esta forma de canibalismo ‚Äúde vanguardia‚ÄĚ es una mala idea porque puede transferir bacterias da√Īinas de madre a hijo. [Science Insider]