En 2022, un equipo de investigadores descendió a una serie de cuevas remotas del norte de Arabia Saudí buscando murciélagos, insectos y otras especies que pudieran habitar aquellos ecosistemas subterráneos. Para acceder a una de ellas tuvieron que bajar por un sumidero de unos 16 metros de profundidad. Lo que encontraron dentro no se parecía a nada de lo que habían ido a buscar.
En la oscuridad aparecieron los restos de varios grandes felinos. Algunos conservaban la piel reseca, las extremidades y hasta los colmillos perfectamente reconocibles. Eran guepardos momificados de forma natural que llevaban décadas, siglos e incluso milenios ocultos bajo el desierto.
El descubrimiento terminó siendo mucho mayor de lo que parecía. Los investigadores encontraron siete momias y restos óseos de otros 54 guepardos, un archivo biológico extraordinario de una especie que desapareció de la península arábiga hace décadas.
Ahora, una investigación publicada en Communications Earth & Environment ha conseguido recuperar información genética de esos animales. Y sus resultados podrían cambiar la forma de plantear su regreso a la región.
Las cuevas escondían miles de años de historia animal

El hallazgo se produjo durante una campaña del Centro Nacional de Vida Silvestre de Arabia Saudí, que examinó 134 cuevas distribuidas por unos 1.211 kilómetros cuadrados cerca de Arar, en el norte del país.
Los investigadores localizaron restos de guepardos en cinco cavidades. El ambiente seco, la oscuridad y las condiciones relativamente estables favorecieron una conservación poco habitual en grandes mamíferos. Según explicó National Geographic al presentar el descubrimiento, algunas de las momias conservaban características anatómicas tan reconocibles que sorprendieron incluso a los especialistas.
Las dataciones por radiocarbono situaron los restos momificados entre aproximadamente 4.200 y 130 años de antigüedad. Esto demuestra que los guepardos ocuparon la zona durante distintos periodos, aunque no necesariamente de forma continua.
La presencia de restos de presas también sugiere que las cavidades pudieron formar parte de los espacios utilizados por estos depredadores. Sin embargo, el hallazgo no demuestra por sí solo que generaciones enteras vivieran permanentemente bajo tierra. Las cuevas pudieron servir como refugios ocasionales o lugares donde algunos animales acabaron muriendo.
El ADN reveló que Arabia tuvo guepardos muy diferentes
El equipo utilizó datación por radiocarbono, técnicas radiográficas y secuenciación genética para reconstruir la historia de los animales. La mayor sorpresa llegó al comparar los genomas recuperados con los de poblaciones actuales. El ejemplar más reciente mostró una estrecha relación con el guepardo asiático, Acinonyx jubatus venaticus, que actualmente sobrevive en una población extremadamente reducida en Irán. Sin embargo, dos muestras más antiguas se agruparon genéticamente con el guepardo del noroeste de África, Acinonyx jubatus hecki. Hasta entonces, la interpretación habitual vinculaba los guepardos históricos de Arabia principalmente con la subespecie asiática.
El estudio liderado por Ahmed Al Boug plantea que la historia fue más compleja y que diferentes linajes ocuparon la península en distintos momentos. La información resulta especialmente valiosa porque permite identificar qué poblaciones actuales conservan mayor afinidad genética con aquellas que desaparecieron. Y ese detalle podría tener consecuencias prácticas para la conservación.
Los animales muertos hace miles de años podrían ayudar a recuperar a los vivos

Los guepardos llegaron a ocupar amplias extensiones de África y Asia. Sin embargo, actualmente han desaparecido de aproximadamente el 91 % de su distribución histórica. En Arabia Saudí, sus poblaciones se extinguieron localmente durante el siglo XX, en un proceso relacionado con la caza, la reducción de presas y la transformación del hábitat.
La comunicación científica de Nature Portfolio destaca que los resultados genéticos abren nuevas posibilidades para seleccionar poblaciones de origen en futuros proyectos de reintroducción. Hasta ahora, el guepardo asiático parecía el candidato más directamente relacionado con las antiguas poblaciones arábigas. Pero su situación crítica en Irán dificulta utilizarlo para establecer nuevas poblaciones en otros países.
La relación genética encontrada con el guepardo del noroeste de África amplía las alternativas que podrían estudiarse. Eso no significa que baste con trasladar animales. Cualquier reintroducción necesitaría evaluar la diversidad genética, las enfermedades, la disponibilidad de presas, el hábitat y los riesgos que afrontaría una población liberada.
Tampoco existe garantía de que los descendientes de aquellos linajes puedan regresar con éxito al mismo territorio. Pero el descubrimiento representa algo extraordinario: animales que murieron hace cientos o miles de años están proporcionando información que podría ayudar a decidir cómo recuperar una especie desaparecida.
Las cuevas de Arabia Saudí no solo conservaron cadáveres. También preservaron una parte de la historia evolutiva que los científicos creían perdida. Y ahora, esa historia podría convertirse en una herramienta para el futuro.