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Cada cierto tiempo, la RAE a√Īade algo a su diccionario. Tan bizarro acontecimiento da chance a hordas de culturetas para arremangarse, gritar ¬°Manda uebos! y pedir que descambien el conceto porque es un palabro. Si crees que lo que acabas de leer tiene palabras incorrectas, pi√©nsalo mejor.

Ninguna de las palabras del p√°rrafo anterior que te hacen rechinar los dientes es incorrecta. Algunas son t√©rminos adoptados del espa√Īol coloquial en Latinoam√©rica. Otras son reliquias casi en desuso, y otras son formas vulgares que suenan a se√Īor mayor de pueblo, pero que se pueden usar sin problema. Si tienes curiosidad, los enlaces en cada palabra remiten a su definici√≥n y a la explicaci√≥n de por qu√© es correcto usarlas.

La edici√≥n n√ļmero 22 del diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene m√°s de 93.000 t√©rminos y casi 195.000 acepciones. Si nos extendemos a todos los pa√≠ses de habla hispana, el idioma espa√Īol tiene alrededor de 300.000 palabras reconocidas oficialmente. La triste realidad es que una persona normal solo usa, de media, unas 300 palabras, un 0,10 del total.

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En el 99,90% restante hay t√©rminos que no solo no hemos usado nunca, sino que a veces los usamos mal, o ni siquiera sabemos que existen ni lo que significan aunque leamos la definici√≥n. Estos son algunos de esos t√©rminos recogidos en el divertido proyecto RAE Po√©tica. Todos ellos aparecen en la RAE y son correctos. Simplemente es dif√≠cil encontrar un momento cotidiano para decir cosas como ‚Äútrasfollo‚ÄĚ.

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Los vocablos realmente raros no son lo √ļnico que demuestra que sabemos muy poco sobre nuestro propio idioma. La costumbre de rasgarse las vestiduras por cada nueva palabra que se a√Īade al diccionario de la RAE tampoco es s√≠ntoma de una elevada cultura ling√ľ√≠stica sino m√°s bien todo lo contrario. En 2014 ya corrieron absurdamente r√≠os de tinta por la incorporaci√≥n de palabras como amigovio, papichulo, norabuena, alm√≥ndiga, culamen, jonr√≥n, toballa, apartotel, chupi, o bluy√≠n.

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La cuesti√≥n es la misma que la reciente decisi√≥n de incorporar al diccionario el vocablo ‚Äúiros‚ÄĚ como segunda persona del plural del imperativo del verbo Ir en lugar de idos. No es que la RAE nos obligue a usarlo. Tampoco es que la RAE nos obligue a decir alm√≥ndiga en lugar de alb√≥ndiga o toballa en lugar de toalla. Lo √ļnico que est√°n haciendo es registrar la palabra porque esta ya existe en el lenguaje coloquial.

La academia simplemente es el testigo encargado de dejar constancia de los cambios que se producen en el espa√Īol, y esos cambios los provocamos nosotros mismos, a veces incorporando palabras de otros idiomas, y otras directamente hablando mal y escribiendo peor. Solo hay un tipo de lenguas que nunca cambian, y son las lenguas muertas. Espero que el espa√Īol nunca llegue a ser una de ellas.