Foto: Pixabay

Cada cierto tiempo, la RAE aƱade algo a su diccionario. Tan bizarro acontecimiento da chance a hordas de culturetas para arremangarse, gritar Ā”Manda uebos! y pedir que descambien el conceto porque es un palabro. Si crees que lo que acabas de leer tiene palabras incorrectas, piĆ©nsalo mejor.

Ninguna de las palabras del pĆ”rrafo anterior que te hacen rechinar los dientes es incorrecta. Algunas son tĆ©rminos adoptados del espaƱol coloquial en LatinoamĆ©rica. Otras son reliquias casi en desuso, y otras son formas vulgares que suenan a seƱor mayor de pueblo, pero que se pueden usar sin problema. Si tienes curiosidad, los enlaces en cada palabra remiten a su definiciĆ³n y a la explicaciĆ³n de por quĆ© es correcto usarlas.

La ediciĆ³n nĆŗmero 22 del diccionario de la Real Academia de la Lengua tiene mĆ”s de 93.000 tĆ©rminos y casi 195.000 acepciones. Si nos extendemos a todos los paĆ­ses de habla hispana, el idioma espaƱol tiene alrededor de 300.000 palabras reconocidas oficialmente. La triste realidad es que una persona normal solo usa, de media, unas 300 palabras, un 0,10 del total.

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En el 99,90% restante hay tĆ©rminos que no solo no hemos usado nunca, sino que a veces los usamos mal, o ni siquiera sabemos que existen ni lo que significan aunque leamos la definiciĆ³n. Estos son algunos de esos tĆ©rminos recogidos en el divertido proyecto RAE PoĆ©tica. Todos ellos aparecen en la RAE y son correctos. Simplemente es difĆ­cil encontrar un momento cotidiano para decir cosas como ā€œtrasfolloā€.

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Los vocablos realmente raros no son lo Ćŗnico que demuestra que sabemos muy poco sobre nuestro propio idioma. La costumbre de rasgarse las vestiduras por cada nueva palabra que se aƱade al diccionario de la RAE tampoco es sĆ­ntoma de una elevada cultura lingĆ¼Ć­stica sino mĆ”s bien todo lo contrario. En 2014 ya corrieron absurdamente rĆ­os de tinta por la incorporaciĆ³n de palabras como amigovio, papichulo, norabuena, almĆ³ndiga, culamen, jonrĆ³n, toballa, apartotel, chupi, o bluyĆ­n.

La cuestiĆ³n es la misma que la reciente decisiĆ³n de incorporar al diccionario el vocablo ā€œirosā€ como segunda persona del plural del imperativo del verbo Ir en lugar de idos. No es que la RAE nos obligue a usarlo. Tampoco es que la RAE nos obligue a decir almĆ³ndiga en lugar de albĆ³ndiga o toballa en lugar de toalla. Lo Ćŗnico que estĆ”n haciendo es registrar la palabra porque esta ya existe en el lenguaje coloquial.

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La academia simplemente es el testigo encargado de dejar constancia de los cambios que se producen en el espaƱol, y esos cambios los provocamos nosotros mismos, a veces incorporando palabras de otros idiomas, y otras directamente hablando mal y escribiendo peor. Solo hay un tipo de lenguas que nunca cambian, y son las lenguas muertas. Espero que el espaƱol nunca llegue a ser una de ellas.