La historia de la evolución humana podría ser más compleja de lo que imaginábamos. Un equipo internacional de científicos identificó nuevas evidencias de que el Homo erectus, una de las especies más importantes de nuestro pasado evolutivo, ya habitaba el sur de África hace aproximadamente dos millones de años.
El hallazgo, publicado en septiembre de 2026 en la revista Annals of Human Biology, se produjo tras analizar restos fósiles encontrados en Drimolen, un yacimiento arqueológico situado cerca de Johannesburgo, Sudáfrica.
Los resultados refuerzan investigaciones anteriores que habían adelantado alrededor de 200.000 años la presencia conocida de esta especie en el registro fósil.
El fósil que aporta nuevas pistas sobre nuestros antepasados
El protagonista del descubrimiento es DNH 127, un fragmento óseo perteneciente a un individuo adulto de Homo erectus. Su importancia radica en que proporciona nuevas evidencias para respaldar la identificación de restos encontrados anteriormente en el mismo yacimiento.
En 2020, los investigadores habían descrito un cráneo infantil identificado como DNH 134, cuya antigüedad se estimó en aproximadamente dos millones de años.
Sin embargo, determinar a qué especie pertenecen los fósiles infantiles puede resultar complicado porque algunas características anatómicas cambian durante el crecimiento. El nuevo análisis de DNH 127 permite comparar rasgos de individuos adultos y fortalece la hipótesis de que Homo erectus ya estaba presente en Sudáfrica entre 2,04 y 1,95 millones de años atrás.
Esto no significa que el fósil marque necesariamente el origen exacto de la especie, sino que confirma evidencias de su existencia en una etapa muy antigua.

Dos especies humanas compartieron el mismo territorio
Los investigadores examinaron 18 fósiles craneales y mandibulares recuperados en Drimolen entre 1992 y 2019. De ellos, uno fue atribuido a Homo erectus, catorce a Paranthropus robustus y tres no pudieron clasificarse con suficiente precisión.
Este resultado demuestra que diferentes especies de antiguos parientes humanos habitaron la misma región durante períodos similares.
Sin embargo, sus características anatómicas reflejan estrategias evolutivas distintas. Homo erectus se caracterizaba por proporciones corporales más cercanas a las humanas actuales y una evolución asociada con una mayor capacidad cerebral.
Paranthropus robustus, en cambio, desarrolló mandíbulas robustas y dientes adaptados para soportar importantes fuerzas de masticación.
Estas diferencias muestran que la evolución humana no siguió un único camino.
Una especie era mucho más abundante que la otra
Uno de los datos más interesantes del yacimiento es la diferencia en la cantidad de restos encontrados. Los fósiles atribuidos a Paranthropus robustus superan ampliamente a los asociados con Homo erectus.
Esta distribución sugiere que el primero tuvo una presencia importante en Drimolen, aunque la cantidad de fósiles no permite conocer directamente el tamaño real de ambas poblaciones.
A pesar de sus adaptaciones, Paranthropus robustus terminó desapareciendo del registro evolutivo, mientras que Homo erectus logró extenderse por amplias regiones de África y Eurasia. La investigación también identificó diferencias anatómicas entre poblaciones de Paranthropus robustus, aportando pistas sobre sus transformaciones a lo largo del tiempo.

Por qué este descubrimiento cambia nuestra visión del pasado
El estudio demuestra que todavía existen importantes preguntas sin resolver sobre los primeros representantes del género Homo.
Los científicos consideran que nuevos análisis de fósiles conservados en colecciones podrían revelar información adicional sobre su antigüedad y distribución geográfica.
Lejos de presentar una evolución lineal, los hallazgos de Drimolen muestran un pasado en el que distintas especies convivieron, desarrollaron adaptaciones diferentes y siguieron trayectorias evolutivas propias.
Cada nuevo fósil permite reconstruir una parte de esa historia y comprender mejor cómo surgió la diversidad de nuestros antiguos parientes.