Desde su hallazgo en 1947 en las cuevas de Qumrán, los Manuscritos del Mar Muerto han sido una de las mayores piezas del rompecabezas religioso y cultural del mundo antiguo. Ahora, una nueva tecnología basada en inteligencia artificial ha cambiado la forma en que datamos estos textos, revelando un posible giro histórico que podría reescribir parte del relato conocido.
El papel de la inteligencia artificial en la datación de los manuscritos

Durante décadas, datar los Manuscritos del Mar Muerto ha sido un desafío. La mayoría no incluye fechas y la caligrafía antigua, aunque valiosa, tiene limitaciones. Para resolver esta incógnita, un grupo de científicos combinó datación por radiocarbono con un modelo de predicción de inteligencia artificial entrenado para analizar escritura antigua.
Este sistema examinó imágenes digitalizadas de manuscritos y estudió aspectos tan precisos como la curvatura y geometría de los trazos de tinta. De esta manera, logró detectar patrones que escapan al ojo humano, reduciendo el margen de error a tan solo 30 años. Los investigadores aplicaron el modelo sobre más de un centenar de fragmentos, validando sus estimaciones con textos ya fechados con certeza.
El resultado: varios manuscritos, escritos en estilos asmoneo y herodiano, serían al menos un siglo más antiguos de lo que se creía, abriendo nuevas preguntas sobre quiénes fueron sus autores y qué contexto político e ideológico los rodeaba.
Nuevas fechas, nuevas hipótesis sobre los orígenes religiosos

Según los datos obtenidos, algunos fragmentos podrían datar del siglo IV a. C., lo que los sitúa más cerca del periodo helenístico que del romano, como se pensaba hasta ahora. Esto implica que ciertos textos atribuidos a autores conocidos podrían haber sido efectivamente redactados en su época, y no siglos después.
Entre los hallazgos más significativos destaca la posibilidad de que la escritura asmonea tenga un origen mucho más temprano, tal vez entre los años 150 y 50 a. C., lo cual alteraría por completo la cronología de su evolución. Aunque los autores siguen siendo anónimos, los investigadores apuntan a un posible origen en el periodo helenístico, cuando el Mediterráneo oriental atravesaba profundos cambios políticos y culturales.
El estudio, publicado en PLOS One, no solo redefine la antigüedad de estos documentos, sino que también propone una nueva narrativa sobre cómo se formaron algunas ideas fundacionales del judaísmo y el cristianismo. La inteligencia artificial, una herramienta moderna, acaba de abrir una nueva ventana hacia el pasado más remoto.