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Noten el raro agujero de ozono sobre el Ártico a lo largo de los años. Aparece como un círculo azul al final de la animación.
Gif: NOAA Ozone Watch.

El agujero de la capa de ozono es un problema que pareciera nunca desaparecer. Y ahora resulta que tenemos un segundo agujero del que preocuparnos sobre el Ártico.

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El agujero de la capa de ozono que todos conocemos y queremos (o mejor dicho, odiamos) se ha estado recuperando de forma lenta pero segura. Las Naciones Unidas informaron que es probable que el agujero se cierre durante nuestras vidas, y en 2019 vimos el agujero más pequeño registrado en la Antártida, donde se forma tradicionalmente.

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Es cierto que hemos hecho lo suficiente para mejorar una situación tan grave, y el clima ha sido uno de los que ha impulsado parte de la reciente recuperación. Sin embargo, también es el clima, o siendo más específicos el vórtice polar, lo que está abriendo un agujero nuevo y extraño en la capa de ozono sobre el Ártico.

Los niveles de ozono en la atmósfera sobre el Polo Sur fluctúan durante todo el año, y la cantidad de productos químicos que emitimos tiene mucho que ver con eso. Los humanos aún tienen que reducir adecuadamente nuestro uso de clorofluorocarbonos e hidroclorofluorocarbonos, los grupos de gases de efecto invernadero que se encuentran en los aires acondicionados antiguos y refrigerantes que causan la reducción del ozono en la atmósfera.

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Pero las condiciones climáticas de la región también juegan un papel importante. Esto se debe a que la reacción entre estos químicos, las bajas temperaturas y la luz solar es lo que disminuye nuestra tan necesaria capa de ozono, que ayuda a evitar que la peligrosa radiación ultravioleta llegue a la superficie de la Tierra, lo que aumenta el riesgo de cáncer de piel y otras enfermedades.

Sin embargo, esta reacción química rara vez ocurre sobre el Polo Norte. La Antártida es, generalmente, más fría que el Ártico. La temperatura en primavera en la región suele caer a niveles que pueden influir en la reducción del ozono incluso cuando sale el sol. En el Ártico, las temperaturas de primavera suelen ser más cálidas y más variables debido a la influencia (relativamente) moderadora del Océano Ártico, que hace que sea más difícil que se produzcan las reacciones químicas que merman el ozono.

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Sin embargo, este año fue diferente. El vórtice polar permaneció sobre el Ártico, donde se reunió el aire frío, creando la receta perfecta para que se forme un agujero en la capa de ozono. El fuerte vórtice polar que permanece en el Ártico es la razón de que este invierno haya sido tan leve en los Estados Unidos, y en otros lugares que han lidiado con sus incursiones en los últimos años.

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En el año 2011 se formó un agujero similar sobre el Ártico debido a una combinación de factores, que incluyen temperaturas frías, una atmósfera estancada y productos químicos que merman el ozono. Ese año vio esta misma mezcla peligrosa, pero ese agujero en la capa de ozono era muy pequeño en comparación con el daño que se ve en la Antártida. Esta vez, desafortunadamente, el agujero podría ser más grande. Y aunque la reducción del ozono, medido por algo llamado Unidades Dobson, no es tan intensa como lo es en la Antártida, es bastante extraño tener un agujero sobre el Ártico. Cuanto menor es el número, peor es el agujero. Y en el Ártico todavía hay suficientes productos químicos en la atmósfera como para reducir aún más el ozono.

Hasta entonces, los científicos mantendrán su mirada sobre el agujero. Es un evento poco común, pero también es uno que ha empeorado por nuestras acciones. Mientras más químicos peligrosos enviemos a la atmósfera serán peores estos eventos.

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