Durante décadas, miles de sardinas llegaban diariamente a una enorme fábrica situada junto al océano Pacífico, en Monterey, California. Allí eran procesadas y enlatadas para su comercialización. Pero la sobreexplotación pesquera terminó hundiendo el negocio, y en 1973 las instalaciones cerraron definitivamente.
Lo que ocurrió después parece sacado de una película. El antiguo complejo industrial se convirtió en el Monterey Bay Aquarium, uno de los acuarios más conocidos de Estados Unidos, donde actualmente miles de peces nadan frente a los visitantes en lugar de terminar dentro de una lata.
La transformación fue posible gracias a una iniciativa científica respaldada por una donación de 57 millones de dólares de la familia Packard. Hoy, el lugar acumula más de 70 millones de visitantes y representa una historia extraordinaria de reconversión industrial.
La fábrica de sardinas que dominó Monterey hasta que los peces comenzaron a desaparecer

La historia comenzó el 7 de julio de 1916, cuando el empresario noruego Knut Hovden inauguró una conservera que terminaría convirtiéndose en la mayor fábrica de sardinas de Cannery Row.
Durante años, la industria pesquera impulsó la economía de Monterey y transformó su costa en un importante centro de procesamiento de pescado. Sin embargo, las capturas comenzaron a desplomarse a principios de la década de 1950. La sobrepesca, combinada con variaciones ambientales, contribuyó al colapso de las poblaciones de sardinas. Según explica el Monterey Bay Aquarium en su historia oficial, la compañía intentó sobrevivir cambiando de actividad y dedicándose al procesamiento de calamares.
La estrategia no funcionó. En 1973, la conservera cerró sus puertas. Su antiguo edificio, situado junto a la estación de investigación marina Hopkins, fue adquirido por la Universidad de Stanford.
Dos hermanas y una donación millonaria cambiaron el destino de la antigua fábrica

La oportunidad de transformar el lugar surgió en 1977, cuando varios científicos marinos comenzaron a imaginar un acuario dedicado a mostrar la extraordinaria biodiversidad de la bahía de Monterey. Nancy Burnett y Julie Packard, hijas del empresario tecnológico David Packard, participaron activamente en el proyecto. Ambas habían estudiado biología marina y compartían el interés por acercar el conocimiento científico al público.
De acuerdo con la Fundación David y Lucile Packard, sus padres contribuyeron con una donación de 57 millones de dólares para hacer realidad la iniciativa. La institución, por su parte, cifra en 55 millones los costos iniciales de construcción.
El proyecto implicó demoler buena parte de la antigua conservera, conservar algunos elementos industriales y construir nuevas instalaciones adaptadas a la exhibición de animales marinos. Finalmente, el Monterey Bay Aquarium abrió sus puertas el 20 de octubre de 1984, y recibió a 10.681 personas durante su primera jornada.
De enlatar sardinas a proteger tiburones, nutrias y ecosistemas marinos

El crecimiento del acuario superó las expectativas iniciales. Según sus cifras institucionales, actualmente cuenta con casi 200 exhibiciones dedicadas a los ecosistemas de la región. Entre las más conocidas aparece un bosque submarino de algas gigantes, con un tanque de aproximadamente 1,3 millones de litros, que permite observar un ecosistema característico del Pacífico.
La institución también desarrolla programas de conservación de nutrias marinas y ha participado en la rehabilitación y posterior liberación de tiburones blancos juveniles. Su influencia trasciende las exhibiciones. Hasta finales de 2023 había recibido más de 70 millones de visitantes y sus programas educativos habían alcanzado a más de 2,75 millones de estudiantes. Además, contribuyó a despertar el interés público por la protección de la bahía de Monterey, declarada santuario marino nacional en 1992.
La transformación representa una paradoja fascinante: el mismo lugar donde durante décadas se procesaron millones de peces hoy está dedicado a enseñar por qué es necesario protegerlos. Y quizás esa sea la parte más interesante de su historia. Una industria que desapareció por el agotamiento de un recurso natural terminó dando paso a una institución cuya misión principal es evitar que otros ecosistemas sufran el mismo destino.