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Durante casi una hora no podrán hablar con la Tierra mientras desaparecen detrás de la Luna. Así será Artemis II, la misión de la NASA que llevará humanos más lejos que nunca en medio siglo

La próxima gran misión lunar de la NASA no aterrizará, pero sí cruzará una frontera psicológica y tecnológica enorme. Cuatro astronautas viajarán más lejos de la Tierra que cualquier ser humano en la era moderna y afrontarán el instante más extraño del viaje: el silencio total detrás de la Luna.

La Luna nunca ha dejado de estar ahí, pero llevamos más de 50 años sin acercarnos de verdad. Ahora eso está a punto de cambiar. Si todo sale según lo previsto, Artemis II será la primera misión tripulada del programa lunar de nueva generación de la NASA y la primera en llevar personas hasta las inmediaciones de nuestro satélite desde Apolo 17, en 1972.

No será un alunizaje. No todavía. Pero sí será algo igual de importante: la prueba de que la humanidad puede volver a lanzarse al espacio profundo y regresar entera.

Un viaje de diez días que empieza como una explosión controlada

Durante casi una hora no podrán hablar con la Tierra mientras desaparecen detrás de la Luna. Así será Artemis II, la misión de la NASA que llevará humanos más lejos que nunca en medio siglo
© Shutterstock / OceanicWanderer.

Todo arrancará con uno de los lanzamientos más violentos y espectaculares que se pueden imaginar. El Space Launch System (SLS), el cohete más potente que ha construido la NASA para vuelos tripulados, despegará desde Florida con una fuerza tan absurda que cuesta visualizarla: millones de libras de empuje, combustible criogénico en cantidades industriales y un vehículo de casi 100 metros de altura elevándose como si un edificio entero decidiera despegar.

A bordo irán Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, una tripulación que ya tiene algo histórico incluso antes de volar. Koch se convertirá en una de las pocas mujeres en viajar hasta la Luna, Hansen será el primer canadiense en hacerlo y todos ellos formarán parte de un club diminuto: el de los humanos que han abandonado la órbita terrestre para internarse en el espacio cislunar.

Las primeras horas serán puro procedimiento. Separación de propulsores, apagado de la etapa principal, maniobras orbitales y, después, el encendido más importante de la misión: la inyección translunar, el impulso que pondrá a la nave Orion rumbo a la Luna. En ese momento ya no habrá marcha atrás. La Tierra empezará a encogerse.

Lo realmente inquietante de Artemis II no será la distancia, sino el silencio

Durante casi una hora no podrán hablar con la Tierra mientras desaparecen detrás de la Luna. Así será Artemis II, la misión de la NASA que llevará humanos más lejos que nunca en medio siglo
© NASA/ Keegan Barber.

Hay algo que convierte esta misión en una experiencia distinta a cualquier otra de la era espacial moderna: durante varios días, la tripulación estará tan lejos que una vuelta rápida a casa dejará de ser una opción realista.

En órbita baja, como ocurre con la Estación Espacial Internacional, cualquier emergencia grave se gestiona con la idea de que el planeta está relativamente cerca. Desde la Luna, no. Desde allí, incluso en el mejor escenario, volver implica días.

Pero el momento más simbólico llegará alrededor del quinto día de misión, cuando Orion pase por detrás de la Luna. Ahí ocurrirá algo que sigue teniendo un poder casi primitivo incluso en 2026: la nave perderá toda comunicación directa con la Tierra.

Durante entre 30 y 50 minutos, dependiendo de la trayectoria, nadie podrá hablar con ellos. No habrá voz, ni datos, ni confirmaciones. Solo cuatro personas, una cápsula y el hemisferio lunar que desde nuestro planeta jamás vemos de forma directa.

Ese es, probablemente, el instante que mejor define Artemis II. No solo por lo técnico, sino por lo emocional. Porque ahí es donde la misión deja de parecer una operación espacial moderna y vuelve a sentirse como algo radicalmente humano: explorar un lugar donde, durante un rato, estamos solos.

Lo que verán allí no se parece a la Luna que conocemos

Durante casi una hora no podrán hablar con la Tierra mientras desaparecen detrás de la Luna. Así será Artemis II, la misión de la NASA que llevará humanos más lejos que nunca en medio siglo
© NASA.

Cuando pensamos en la Luna, pensamos casi siempre en la misma cara: los grandes “mares” oscuros, las superficies relativamente lisas, ese disco familiar que nos ha acompañado toda la historia. Pero la cara oculta es otra cosa.

Es más abrupta, más castigada, más antigua a simple vista. Artemis II pasará a suficiente altura como para ofrecer una perspectiva muy distinta a la de las misiones Apolo, permitiendo observar una porción mucho más amplia del terreno lunar. Y eso no es solo un regalo visual. También tiene valor científico.

Los astronautas podrán sobrevolar regiones como la cuenca Orientale, una inmensa cicatriz de impacto con anillos de escombros que se extienden cientos de kilómetros, o la cuenca Aitken del Polo Sur, uno de los cráteres de impacto más grandes y antiguos de todo el sistema solar.

Y aquí hay un detalle que suele pasarse por alto: aunque hoy tenemos sondas, orbitadores y mapas de altísima resolución, el ojo humano sigue aportando algo que una cámara no termina de replicar del todo. La percepción del color, del contraste, del brillo y de cómo cambia el relieve con la luz solar sigue siendo valiosa. No sustituye a los instrumentos, pero tampoco sobra.

En otras palabras: Artemis II no va a “descubrir” la cara oculta de la Luna, pero sí va a devolverle presencia humana.

La parte más peligrosa llegará cuando todo parezca haber terminado

Durante casi una hora no podrán hablar con la Tierra mientras desaparecen detrás de la Luna. Así será Artemis II, la misión de la NASA que llevará humanos más lejos que nunca en medio siglo
© Compilación NASA / Kevin Davis – Frank Michaux.

Después de rodear la Luna y poner rumbo a casa, la misión entrará en su fase final. Y, como tantas veces en exploración espacial, el regreso será tan delicado como la ida.

La cápsula Orion reentrará en la atmósfera terrestre a velocidades cercanas a los 40.000 km/h, soportando temperaturas extremas mientras su escudo térmico hace el trabajo más ingrato de toda la misión: convertir una caída infernal en un amerizaje controlado.

Aquí la NASA no llega completamente tranquila. En Artemis I, el escudo térmico mostró un comportamiento distinto al esperado, con desprendimientos de material ablativo mayores de lo previsto. La agencia estudió el problema y ajustó el perfil de reentrada para reducir el riesgo. Es decir, esta misión también servirá para comprobar que Orion puede llevar personas a la Luna… y traerlas de vuelta sin sustos.

Si todo sale bien, la nave caerá en el Pacífico, frente a la costa de California. Y entonces sí, por primera vez en más de medio siglo, podremos decir que la humanidad ha vuelto oficialmente al vecindario lunar.

Artemis II no va a pisar la Luna, pero puede cambiarlo todo

A primera vista, puede parecer una misión de transición. Un sobrevuelo. Un ensayo general antes de lo importante. Pero sería un error verla así.

Artemis II no solo probará un cohete, una cápsula y una tripulación. Pondrá a prueba una idea mucho más grande: si todavía somos capaces de hacer viajes largos, complejos y arriesgados más allá de la órbita terrestre. Si podemos volver a pensar en la Luna no como un recuerdo glorioso del siglo XX, sino como una escala real hacia lo que venga después.

Porque el objetivo final nunca ha sido solo regresar a la Luna. La Luna es el entrenamiento. El mapa de ensayo. El lugar donde se aprende a vivir lejos antes de intentar algo mucho más difícil.

Y por eso hay algo casi poético en esta misión. Antes de soñar con Marte, con estaciones lunares permanentes o incluso con viajar más allá, la humanidad tendrá que pasar otra vez por ese mismo punto incómodo y fascinante: el instante en que una nave cruza al otro lado de la Luna… y la Tierra deja de responder.

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