Saltar al contenido
Ciencia

El “calamar vampiro del infierno” es un fósil viviente de 183 millones de años. Su ADN acaba de revelar que los pulpos provienen de un linaje que parecía perdido

La secuenciación del genoma más grande jamás leído en un cefalópodo confirma algo que los científicos sospechaban, pero no podían demostrar: los pulpos modernos heredaron su arquitectura genética de criaturas con diez brazos. El Vampyroteuthis infernalis, atrapado por accidente, acaba de convertirse en la pieza que faltaba.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

En lo profundo del océano, donde la luz no llega y la presión aplasta cualquier estructura viva, habita un animal extraño que parece escapado de un mito marino. Un Vampyroteuthis infernalis capturado por accidente se ha convertido ahora en la clave para reconstruir uno de los capítulos más enigmáticos de la evolución de los cefalópodos. Su genoma, descomunal y antiquísimo, ha revelado algo que cambia la historia de los pulpos modernos.

Un genoma gigantesco que reescribe árboles genealógicos

El “calamar vampiro del infierno” es un fósil viviente de 183 millones de años. Su ADN acaba de revelar que los pulpos provienen de un linaje que parecía perdido
© MBARI.

Este estudio, publicado en iScience por equipos de Japón y Austria, analiza el genoma de este enigmático cefalópodo abisal y lo sitúa como el mayor descifrado en el grupo hasta la fecha: más de 11 gigabases, cuatro veces la información genética de un ser humano. La magnitud del hallazgo no es solo técnica, sino conceptual.

Al comparar su arquitectura cromosómica con la de pulpos y calamares actuales, los investigadores identificaron un patrón sorprendente: los pulpos provienen realmente de ancestros con organización genética propia de calamares de diez brazos. Hasta hoy, esa relación se intuía, pero faltaban pruebas a nivel genómico.

El calamar vampiro, último representante de un linaje que ha sobrevivido 183 millones de años, conserva ese mapa ancestral sin las fusiones y reorganizaciones que experimentaron los pulpos modernos. Es, literalmente, una cápsula evolutiva intacta.

Un fósil viviente atrapado entre dos mundos

Aunque pertenece al linaje de los octopodiformes —los de ocho brazos—, el Vampyroteuthis infernalis conserva rasgos genéticos propios de los decapodiformes. Es un puente viviente entre ambas familias. Como explica Oleg Simakov, autor principal del estudio, “se sitúa a medio camino entre los pulpos y los calamares”.

El ejemplar analizado ni siquiera fue capturado en una expedición dirigida. Quedó atrapado por accidente en artes de pesca de un buque de la Universidad Tokai, lo que añade una nota casi cinematográfica al descubrimiento: un animal esquivo, encontrado por azar, se convierte en la mejor ventana hacia el pasado evolutivo de su grupo.

Una arquitectura cromosómica que sobrevivió 300 millones de años

El “calamar vampiro del infierno” es un fósil viviente de 183 millones de años. Su ADN acaba de revelar que los pulpos provienen de un linaje que parecía perdido
© MBARI.

Este análisis comparativo reveló algo aún más profundo: el ancestro común de pulpos y calamares —que se separaron hace más de 300 millones de años— tenía una estructura genética mucho más parecida a la de los calamares que a la de los pulpos.

Los pulpos, en algún momento de su historia evolutiva, experimentaron una transformación radical conocida como fusión con mezcla, un proceso que compactó y reorganizó su genoma hasta convertirlo en la matriz genética que hoy define al grupo.

El calamar vampiro, en cambio, mantuvo el diseño original. Por eso los investigadores lo califican como una auténtica “Piedra Rosetta” para entender la evolución de los cefalópodos modernos.

Lo que revela sobre el origen real de los pulpos

El “calamar vampiro del infierno” es un fósil viviente de 183 millones de años. Su ADN acaba de revelar que los pulpos provienen de un linaje que parecía perdido
© MBARI.

Emese Tóth, coautora del estudio, lo resume con claridad: “El calamar vampiro conserva una herencia genética anterior a ambos linajes. Nos permite observar directamente las fases más tempranas de la evolución de los cefalópodos”.

Esa afirmación implica algo mayor: La impresionante diversidad de pulpos actuales no surgió por la aparición de genes nuevos, sino por una reorganización cromosómica a gran escala que modificó la forma en que el genoma se expresa.

Este patrón sitúa a los pulpos como uno de los ejemplos más curiosos de la evolución molecular: animales que no inventaron nuevas piezas, sino que transformaron las que tenían.

Un linaje que ilumina nuestro pasado biológico

El calamar vampiro del infierno no solo es un superviviente abisal. Es un archivo. Un organismo que, por razones aún no totalmente comprendidas, conservó intacta la arquitectura genética del ancestro que dio lugar a dos ramas completamente distintas de cefalópodos.

Que este mapa genético haya llegado hasta nosotros, indemne, después de casi 200 millones de años, permite reconstruir un fragmento clave de la historia evolutiva marina. Y abre nuevas preguntas sobre cómo la reorganización del genoma puede moldear cuerpos, comportamientos y adaptaciones de formas tan radicales.

El calamar vampiro no es un monstruo, pese a su apodo. Es, de algún modo, un mensajero del tiempo: una criatura que permaneció en las sombras abisales esperando a que la tecnología humana fuera capaz de leer su secreto.

Compartir esta historia

Artículos relacionados