A más de 2.200 metros de altitud, en uno de los pasos montañosos de los Alpes suizos, el hielo está desapareciendo y dejando tras de sí algo que nadie esperaba encontrar. No se trata de minerales, formaciones geológicas ni restos de animales prehistóricos, sino de objetos fabricados por seres humanos hace miles de años.
Uno de los descubrimientos más recientes parece especialmente desconcertante: una pieza de madera de casi un metro de longitud que podría haber formado parte de un esquí utilizado durante la Edad del Hierro.
El hallazgo se produjo en el Col de Barberine, en el cantón suizo de Valais, donde el arqueólogo Romain Andenmatten localizó una tablilla grisácea entre las rocas, justo en el borde de una masa de hielo en retroceso. Lo extraordinario es que no era la primera vez que encontraba algo parecido en aquel lugar.
Según una investigación periodística publicada por The New York Times, el descubrimiento podría aportar nuevas pistas sobre cómo los antiguos habitantes de Europa atravesaban territorios que hoy siguen considerándose peligrosos.
Una pieza de madera que podría contar una historia de hace 2.500 años
El Col de Barberine se encuentra aproximadamente a 2.286 metros sobre el nivel del mar. Hoy es un entorno de roca, nieve y hielo, pero hace miles de años también formaba parte de las rutas utilizadas por quienes necesitaban desplazarse entre los valles alpinos. Hace tres años, Andenmatten encontró allí una pieza de madera con un extremo estrechado. Su forma sugería que podría tratarse de un antiguo esquí o una especie de raqueta para caminar sobre la nieve.
La datación mediante radiocarbono situó aquel primer objeto alrededor del siglo V antes de Cristo, en plena Edad del Hierro. El nuevo descubrimiento presenta características semejantes y apareció prácticamente en el mismo lugar. Los investigadores contemplan la posibilidad de que ambas piezas estuvieran relacionadas, aunque todavía no se ha demostrado que formasen parte de un mismo par.
Hay una diferencia importante: la antigüedad de 2.500 años está documentada para la pieza encontrada anteriormente, pero la datación del nuevo fragmento todavía no se ha confirmado públicamente. Si las investigaciones consiguieran establecer esa relación, el hallazgo ofrecería una prueba fascinante de las herramientas empleadas para desplazarse por un territorio donde las condiciones meteorológicas podían convertirse en una amenaza mortal.
El hielo está revelando cómo vivían las personas que cruzaban los Alpes

Durante mucho tiempo, las grandes montañas europeas se imaginaron como barreras naturales que separaban poblaciones. Sin embargo, la arqueología ha demostrado que también fueron lugares de tránsito, intercambio y actividad humana. Y el hielo ha desempeñado un papel fundamental para reconstruir esa historia.
Las bajas temperaturas permiten conservar materiales orgánicos que normalmente se descomponen con rapidez, como madera, cuero y tejidos. En los Alpes han aparecido herramientas, prendas y objetos cotidianos que ofrecen información difícil de obtener únicamente a partir de restos de piedra o metal.
En 2024, por ejemplo, Andenmatten recuperó fragmentos de madera en Restipass que posteriormente fueron datados en la Edad del Bronce, hace aproximadamente 3.000 años. Estas evidencias se suman a otras investigaciones arqueológicas. Un estudio publicado en el Anuario de Arqueología Suiza documentó decenas de estructuras correspondientes a refugios y campamentos de montaña en la región de Valais, utilizados durante el siglo I antes de Cristo.
Los Alpes, por tanto, no eran un territorio completamente aislado. Sus pasos formaban parte de un paisaje conocido y aprovechado por distintas comunidades.
La paradoja: estamos encontrando estos tesoros porque su protección está desapareciendo
El problema es que los mismos procesos que permiten descubrir estos objetos también amenazan con destruirlos. El calentamiento global está acelerando el retroceso de los glaciares alpinos y exponiendo materiales que han permanecido protegidos durante siglos o milenios. Una vez que salen del hielo, la humedad, el oxígeno y los cambios de temperatura pueden deteriorarlos rápidamente.
Por eso, los arqueólogos suizos han recurrido incluso a la tecnología ciudadana. Mediante una aplicación llamada IceWatcher, senderistas y montañeros pueden comunicar posibles hallazgos para que los especialistas intervengan antes de que desaparezcan. También utilizan imágenes satelitales y mapas topográficos para identificar las zonas donde podrían aparecer nuevos restos a medida que retrocede el hielo.
El descubrimiento del posible esquí resume perfectamente esta contradicción. El cambio climático está poniendo en peligro uno de los grandes archivos naturales de la historia humana, pero, al mismo tiempo, está permitiendo leer algunas de sus páginas por primera vez.
Hace 2.500 años, alguien pudo perder una herramienta mientras atravesaba una montaña nevada. Hoy, aquella pequeña pieza de madera podría ayudarnos a comprender un capítulo olvidado de la vida en los Alpes.