Fotograma de Psicosis

La paciente ‚ÄúX‚ÄĚ ten√≠a 40 a√Īos y tres hijos. Para ellos, su madre era una aut√©ntica hero√≠na. Hab√≠a recogido con sus propias manos una serpiente, se pele√≥ con una tar√°ntula o incluso se enfrent√≥ a un tipo que le puso un cuchillo en la garganta. X no sab√≠a lo que era el miedo. Literalmente.

Ella tambi√©n sufr√≠a la enfermedad de Urbach-Wiethe, un extra√Īo trastorno gen√©tico que afecta a unos pocos cientos de personas en todo el mundo. Un s√≠ndrome tan peculiar e ins√≥lito, que durante d√©cadas se ha tratado de encontrar la llave que lo origina.

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De encontrarlo, estar√≠amos ante el elemento clave que nos hace sentir pavor, miedo o terror. El caso de X y ese peque√Īo grupo de personas en el planeta deb√≠a ser la llave que explique el origen del p√°nico humano.

Urbach-Wiethe y el miedo

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Este trastorno genético recesivo y poco frecuente fue descrito por primera vez en 1929 por Erich Urbach y Camillo Wiethe, aunque lo cierto es que en 1908 ya existían casos registrados muy similares.

Los s√≠ntomas de la enfermedad var√≠an mucho de un individuo a otro. Pueden incluir una voz ronca, lesiones y desgarros cut√°neos, piel da√Īada por una mala cicatrizaci√≥n de las heridas, piel seca y arrugada o incluso p√°pulas alrededor de los p√°rpados. Por suerte, la enfermedad no es mortal, y la mayor√≠a de los pacientes no ven reducida su esperanza de vida.

En cuanto a los s√≠ntomas, claramente habr√≠a que dividirlos en dos: los neurol√≥gicos y los dermatol√≥gicos. Estos √ļltimos son los m√°s obvios y los coment√°bamos m√°s arriba, pero lo realmente sorprendente es lo que ocurre a nivel neuronal.

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Ilustración: Angelica Alzona

Se calcula que el 50-75% de los casos diagnosticados de la enfermedad de Urbach-Wiethe muestran calcificaci√≥n bilateral sim√©trica en los l√≥bulos temporales mediales. Es posible que te hayas quedado igual que antes de leerlo. Sin embargo, y aqu√≠ viene lo interesante, estas calcificaciones a veces afectan a la am√≠gdala cerebral (n√ļcleos de neuronas en la profundidad de los l√≥bulos temporales) y el giro periamigdaloideo.

La amígdala cerebral se cree desde hace tiempo que es la causante o está íntimamente implicada en estímulos biológicamente importantes y en la memoria emocional a largo plazo, concretamente las asociadas con el miedo.

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Dicho de otra forma, se calcula que hay menos de 300 pacientes en el planeta con la enfermedad que no temen a nada. Y la paciente X debía encabezar un estudio pionero que nos mostrara de donde demonios nace el pánico.

La paciente X y las pruebas del miedo

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Antes de que la paciente X pasara a formar parte del estudio, hab√≠a tenido varias experiencias que le indicaban que ella no era como los dem√°s. El detonante para acudir a un profesional ocurri√≥ una noche, cuando acud√≠a a casa caminando y un extra√Īo la amenaz√≥. El agresor se acerc√≥ a ella y le puso un cuchillo en la garganta. La mujer reaccion√≥ desafiando fijamente al tipo, qui√©n simplemente la dej√≥ que siguiera su camino.

De vuelta a casa no se quitaba la escena de la cabeza. ¬ŅC√≥mo hab√≠a reaccionado as√≠? ¬ŅPor qu√© no grit√≥, tembl√≥ o pidi√≥ al agresor que la dejara suplicando?

Cuando acudi√≥ a una consulta le diagnosticaron el trastorno y le explicaron algunas claves que desconoc√≠a. La mujer supo entonces que la enfermedad destruye progresivamente la am√≠gdala, la parte en forma de almendra del cerebro que los investigadores creen que es la llave del miedo. Lo curioso en el caso de X es que recordaba sentir cierto temor durante su infancia, antes de que la enfermedad progresara, m√°s o menos a los 10 a√Īos. Desde entonces, no pod√≠a asustarse.

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Imagen: Ross Huggett

Las primeras investigaciones mostraron que su memoria visual no verbal estaba afectada significativamente, además, tenía un coeficiente intelectual en el rango promedio bajo. También mostró ciertos comportamientos sociales inapropiados con los investigadores.

Posteriormente, se encontr√≥ que era incapaz de reconocer las emociones en las expresiones faciales, y otro estudio mostr√≥ que el da√Īo cerebral hab√≠a eliminado su aversi√≥n a las p√©rdidas de dinero, es decir, a la toma de decisiones financieras arriesgadas que la mayor√≠a de nosotros evitar√≠amos por el miedo a perder dinero.

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Sin embargo, ninguno de los primeros estudios evaluó su experiencia con el miedo. Fue Justin Feinstein y sus colegas, de la Universidad de Iowa, quienes probaron las respuestas al miedo de la mujer. Lo hicieron usando un método muy simple: tratando de asustarla.

Fotograma de American Psycho

En primer lugar, la llevaron a una tienda de mascotas ex√≥ticas y la expusieron a serpientes y ara√Īas. X parec√≠a fascinada por la gran colecci√≥n de serpientes, y se vio obligada a tocar y empujar a las m√°s grandes y peligrosas. Tambi√©n vio una tar√°ntula, que le record√≥ el viaje en el pasado donde se enfrent√≥ a una. X tuvo que ser detenida antes de que la mordiera. A lo largo de la visita, se le pidi√≥ que calificara su miedo en una escala de 0 a 10, y sus calificaciones nunca fueron mayores que 2.

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Luego pasaron a una segunda fase. Los investigadores la llevaron de visita de Halloween al Waverly Hills Sanatorium en Louisville (Kentucky), espacio donde cada a√Īo se realiza una representaci√≥n con monstruos, asesinos y fantasmas. El lugar es denominado como ‚Äúuno de los lugares m√°s terror√≠ficos del planeta‚ÄĚ.

Cuando llegaron, X se adelant√≥ al resto de investigadores de forma voluntaria y se meti√≥ en una casa del terror. All√≠ comenz√≥ a caminar por las esquinas m√°s oscuras y los pasillos sin vacilar. Los ‚Äúmonstruos‚ÄĚ ocultos trataron de asustarla varias veces, todas sin √©xito. En cambio, el resto del grupo gritaba con fuerza cada vez que se encontraban con alguien. No para X, ella re√≠a, e incluso lleg√≥ a asustar a alguno de los monstruos escondi√©ndose en las esquinas. La paciente calific√≥ su nivel de miedo con un 0, de hecho, lo encontr√≥ muy divertido.

Fotograma de The Shining

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La √ļltima de las pruebas de los investigadores tuvo lugar en una casa. La metieron en una habitaci√≥n a solas y a oscuras y le mostraron escenas enteras de las pel√≠culas The Ring, The Blair Witch Project y The Shining. Las escenas estaban entremezcladas con la intenci√≥n de que sintiera disgusto, ira, sorpresa o felicidad.

¬ŅEl resultado? A X le pareci√≥ divertid√≠simo, no expres√≥ miedo en ning√ļn momento mientras observaba las escenas de las pel√≠culas de terror, e incluso pidi√≥ a los investigadores el t√≠tulo de algunas de las pel√≠culas para poder alquilarlas y verlas en casa.

Imagen: Alex Antropov 

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Los investigadores escribieron que era incapaz de detectar amenazas en su entorno y, como resultado, no evitaba situaciones potencialmente peligrosas como la mayoría de nosotros. Feinstein y sus colegas argumentaron que esto se debía a que la amígdala es esencial para desencadenar un estado de miedo.

Se trataba del primer estudio en probar sistemáticamente la experiencia del miedo en una paciente que carecía de amígdala. Sin embargo, tenía sus limitaciones. Principalmente, se trataba de un estudio que involucraba a una sola persona. Debía hacerse un nuevo estudio con más pacientes como X.

El estudio con pacientes que no tenían miedo

MRI de ‚ÄúX‚ÄĚ

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Ocurri√≥ en el a√Īo 2013, y los cient√≠ficos creen haber encontrado finalmente su desencadenante del miedo. La paciente X, junto con otros dos pacientes con la misma enfermedad, entraron en una sala donde hab√≠a tres m√°scaras. Los tres se las pusieron e inhalaron di√≥xido de carbono, el gas que normalmente exhalamos en cada respiraci√≥n.

En la concentraci√≥n utilizada en el estudio, el gas produc√≠a una ‚Äúnecesidad de aire‚ÄĚ, o al menos la sensaci√≥n de tener un d√©ficit de ox√≠geno, lo que hac√≠a que las personas se quedaran sin aliento. En realidad, no era sorprendente que ocurriese este sentimiento de asfixia, y adem√°s que fuera aterrador. Se sabe que el di√≥xido de carbono puede inducir a ataques de p√°nico, e incluso se ha teorizado que la causa de los ataques de p√°nico es el cerebro enviando una alarma sobre una posible asfixia inminente. Seg√ļn los investigadores:

Hasta donde sabemos, esta fue la primera vez que la paciente X experimentó miedo en cualquier entorno, laboratorio o de otro tipo, desde la infancia.

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Ilustración: Angelica Alzona

El estudio encontró que los tres pacientes experimentaron ataques de pánico al inhalar el gas, algunos se sentían tan ansiosos que se arrancaron las máscaras de sus rostros. X comenzó a agitar frenéticamente su mano cerca de la máscara unos 8 segundos después de la inhalación, y luego gritó pidiendo ayuda.

Describió la sensación como la peor que había tenido en su vida, y expresó sorpresa por dicha reacción, porque ella no podía recordar haber reaccionado de esa manera nunca antes.

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A partir de entonces, la pregunta fue, ¬Ņpor qu√© pod√≠a sentir miedo al sofoco del experimento, y no a un criminal con un cuchillo? Seg√ļn los investigadores, todas las otras experiencias implicaban amenazas externas. Por el contrario, el di√≥xido de carbono se detecta como un signo de una amenaza procedente de dentro de nuestro cuerpo, una falta de ox√≠geno.

Por tanto, de su trabajo se desliza que los sistemas dedicados a detectar estos estados internos, como la falta de aire, pueden no depender de la amígdala para causar miedo, utilizando otras regiones en su lugar.

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Descubrieron que los receptores que detectan alertas internas env√≠an se√Īales a regiones distintas de la am√≠gdala. Y los receptores que detectan el bajo nivel de ox√≠geno se encuentran en m√ļltiples √°reas del cerebro, no s√≥lo en la am√≠gdala.

Este √ļltimo estudio es otro peque√Īo paso para encontrar esa llave del p√°nico, el miedo humano. Una informaci√≥n tremendamente valiosa que podr√≠a ayudar a desarrollar mejores f√≥rmulas a la hora de manejar, no s√≥lo los ataques de p√°nico, sino tambi√©n otros tipos de miedos. Por su parte, X sigue sin tenerle miedo a (casi) nada. Ahora sabe que la falta de ox√≠geno es la peor de sus pesadillas. [Wikipedia, The Guardian, Nature]