Patterson, junto al primero de los leones de Tsavo abatidos. Foto: Museo Field

Marzo de 1898. El teniente coronel John Henry Patterson llegó a Kenia para supervisar la construcción de un puente ferroviario sobre el río Tsavo. El proyecto pronto se convirtió en un infierno por culpa de dos leones. Un nuevo estudio aporta algunas claves sobre lo que ocurrió.

El incidente de Tsavo tiene la culpa de buena parte de la leyenda negra relativa a leones atacando seres humanos y no es para menos. Durante nueve meses, dos leones de la regi√≥n (caracter√≠sticos por carecer de la melena propia de los machos de la especie) se dedicaron a merodear por los campamentos de los trabajadores del ferrocarril, atacando y devorando a los desdichados que se aventuraban demasiado en la oscuridad. El macabro caso fue tan sonado que ha inspirado dos pel√≠culas: Bwana Devil (1952) y The Ghost and the Darkness (titulada El Fantasma y La Oscuridad en Hispanoam√©rica y Los demonios de la noche en Espa√Īa, 1996).

Los trabajadores rodearon los campamentos con arbustos espinosos y pusieron trampas, pero los leones se las apa√Īaban para esquivarlas y seguir con su carnicer√≠a. Finalmente, fue el propio Patterson el que logr√≥ abatirlos a tiros desde un √°rbol. Hoy en d√≠a, los cuerpos disecados de los dos animales se exhiben en el Museo Field de Historia Natural, en Chicago.

Los leones, tal y como pueden verse hoy en el museo de Chicago. Foto: Wikipedia

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En el relato de los hechos que public√≥ en 1907, Patterson aseguraba que las bestias hab√≠an devorado a 135 personas, aunque estudios m√°s modernos han rebajado esa cifra a solo 35. Sin embargo, sigue siendo un caso bastante excepcional. ¬ŅPor qu√© estos dos animales se cebaron de esa manera en seres humanos en lugar de atacar a sus presas habituales?

La respuesta tiene poco que ver con mitos como eso de que probar sangre humana les convierte en asesinos por placer. Bruce Patterson (no es pariente del Patterson de 1898) es un experto en leones asesinos del Museo Field que lleva a√Īos estudiando los restos de los leones de Tsavo en busca de pruebas que expliquen su comportamiento. Su √ļltimo hallazgo apunta a una combinaci√≥n de factores entre los que hay uno inesperado: problemas dentales.

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En condiciones normales, los leones no cazan seres humanos. Las personas ni siquiera somos especialmente nutritivas desde el punto de vista de uno de estos grandes felinos. No, las presas habituales de los leones son grandes herv√≠boros como b√ļfalos, cebras o jirafas. Sin embargo, cazar uno de estos animales no es tarea f√°cil y a menudo es un trabajo peligroso para el propio le√≥n. Para matar a su presa, el le√≥n suele morder el cuello, pero para eso necesita tener los dientes en buenas condiciones, y la dentadura de los devoradores de hombres de Tsavo no lo estaba.

Dentadura de uno de los leones de Tsavo. Foto: Museo Field.

Patterson ha analizado los dientes de los ejemplares de Tsavo y ha encontrado rastros de lesiones internas que pod√≠an provocar abcesos y dolor a las fieras, sobre todo al aplicar presi√≥n. ‚ÄúLos leones matan con los dientes‚ÄĚ, explica Patterson, ‚Äúpero si no puedes matar un b√ļfalo es mejor que no te acerques a √©l porque puede matarte a ti. La llegada de 3.000 trabajadores del ferrocarril probablemente fue recibida con aut√©ntico entusiasmo por los leones.‚ÄĚ

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La teor√≠a de los problemas dentales no explica por s√≠ sola el caso de Tsavo. Muchos leones tienen los mismos problemas en los dientes y no matan personas. Sin embargo, la mala dentadura se junt√≥ con otros factores. La llegada de los trabajadores estuvo precedida de un brote muy grave de peste bovina que diezm√≥ a los b√ļfalos de la zona en 1898. En otras palabras, las presas habituales de los leones escaseaban.

Para empeorar las cosas, los trabajadores, como har√≠a cualquier otro ser humano, se llevaban los cad√°veres de sus semejantes lo que imped√≠a a los leones alimentarse de la carro√Īa y les obligaba a volver a matar. Probablemente nunca hallemos una respuesta √ļnica a la masacre de Tsavo, pero sigue siendo material perfecto para historias de terror a la luz de una hoguera en el safari. [Scientific Reports]