La huella que dejó Buzz Aldrin durante la misión Apolo 11
Imagen: NASA

Antes de que aterrizásemos por primera vez en la Luna, los científicos tenían buenas razones para creer que la superficie lunar estaba cubierta por una fina capa de polvo. Aunque esto podría no parecer un gran problema, era una gran fuente de preocupaciones para los encargados de planificar las misiones Apolo.

En 1955, el cient√≠fico y pionero Thomas Gold, teoriz√≥ ‚ÄĒcon no poca controversia‚ÄĒ que la superficie lunar estaba cubierta por un polvo fino, como resultado de innumerables colisiones con meteoritos y los efectos de la radiaci√≥n solar, que habr√≠a destruido los materiales de su superficie. Muchos cient√≠ficos se opusieron a esta tesis, pero la NASA se tom√≥ en serio esta posibilidad, sobre todo durante las etapas de planificaci√≥n del programa Apolo. Para la NASA, la presencia de polvo lunar, conocido como regolito, era una fuente de futuros problemas.

En primer lugar, y seg√ļn lo que hab√≠a propuesto Gold, el polvo lunar podr√≠a tragar a los astronautas como si se tratase de arenas movedizas. De hecho, como nunca antes se hab√≠a aterrizado sobre un cuerpo celeste aparte de la Tierra, exist√≠a la preocupaci√≥n de que el regolito de la Luna no fuese lo suficientemente compacto como para soportar el peso del M√≥dulo Lunar o de los astronautas. El pensamiento de que los astronautas fuesen tragados por el polvo lunar hicieron que investigasen mucho m√°s al respecto.

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Esta amenaza se tom√≥ tan en serio como para que la investigaci√≥n sobre la ‚Äúresistencia de la superficie lunar‚ÄĚ se convirtiese en uno de los objetivos destacados del programa Surveyor de la NASA. Entre 1966 y 1968, se enviaron siete sondas Surveyor a la Luna (de las cuales cinco sobrevivieron al viaje) para investigar varias caracter√≠sticas de la superficie lunar, incluida la carga que pod√≠a soportar.

Una pata de la Surveyor 3 descansa sobre la polvorienta superficie lunar. Las huellas furon causadas por los rebotes de la sonda durante el aterrizaje.
Imagen: NASA

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Los datos de estas misiones indicaron que la superficie era lo suficientemente resistente como para soportar el peso de los astronautas, pero como Buzz Aldrin relató más adelante en su libro Retorno a la Tierra, las dudas sobre esta situación persistieron hasta el aterrizaje:

Ya habían medido la Luna, la habían comparado con otros planetas, y la habían tocado. Una por una fueron cayendo las falsas creencias que habían sobre ella. En el siglo XVII, los científicos creían que había criaturas en la luna... Más ampliamente extendida era la sospecha de que la superficie de la Luna estaba cubierta de un polvo tan espeso que se tragaría a un hombre o una nave espacial como si fuesen unas arenas movedizas.

Estas teorías habían sido refutadas una por una pero la preocupación sobre el polvo seguía ahí. Los aterrizajes no tripulados de las Surveyor indicaban que la superficie estaba bien compacta y que soportaría adecuadamente el peso del Módulo Lunar. Así que era una preocupación relativamente menor. Nadie lo sabría con seguridad, claro, hasta que estuviésemos allí.

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Para dar testimonio de esta preocupación, fue tomada la icónica fotografía de la huella de Aldrin, como parte de la investigación sobre la mecánica del suelo lunar. No hace falta recordar que nadie fue absorbido por el regolito lunar, y que este miedo pasó finalmente a la historia.

Buzz Aldrin posa al lado del módulo de aterrizaje.
Imagen: NASA

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Debido a que se presupon√≠a que el polvo lunar consist√≠a en peque√Īas part√≠culas, exist√≠a la preocupaci√≥n sobre la potencial carga est√°tica del regolito. Esto result√≥ ser cierto, ya que la ‚Äúadherencia est√°tica‚ÄĚ hizo que el polvo se pegase a los trajes de los astronautas del Apolo cuando entraron a la c√°psula despu√©s de su paseo por la luna. Dicho esto, la NASA no predijo la escala ni se preocup√≥ demasiado por la adherencia est√°tica al principio, y no fue hasta la misi√≥n Apolo 13 que empezaron a suministrar cepillos a los astronautas.

En cambio, los que hab√≠an planificado la misi√≥n s√≠ estaban preocupados por el efecto est√°tico durante el aterrizaje. En su libro Objetivo: la Luna, Dan Parry escribi√≥ que los cient√≠ficos tem√≠an que ‚Äúuna carga de electricidad est√°tica atraer√≠a tanto polvo que ninguno podr√≠a ver por las ventanas‚ÄĚ. Pero aunque durante las misiones Apolo los aterrizajes levantaron una cantidad considerable de polvo, este temido efecto de la electricidad est√°tica nunca ocurri√≥.

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Además de predecir la presencia de polvo lunar, Gold también advirtió a la NASA de que el polvo lunar podría ser volátil. Su preocupación concreta era que el polvo pudiera entrar en combustión al llegar a la cabina rica en oxígeno del módulo lunar, provocando un incendio o incluso una explosión. En su nuevo libro One Giant Leap, el autor Charles Fishman describe los esfuerzos de Neil Armstrong y Buzz Aldrin al respecto, quienes habían sido alertados de esta posibilidad:

Armstrong y Aldrin hicieron su propia prueba. Un momento despu√©s de convertirse en el primer ser humano en pisar la Luna, Armstrong recogi√≥ un poco de tierra lunar en una bolsa de muestra y la guard√≥ en un bolsillo de su traje espacial. Era una muestra de contingencia, en caso de que los astronautas tuvieran que irse de repente sin poder recoger ninguna roca. De vuelta al interior del m√≥dulo lunar, el d√ļo abri√≥ la bolsa y extendi√≥ el polvo lunar sobre el motor de ascenso. Mientras se represurizaba la cabina, observaron a ver si empezaba a arder. ‚ÄúSi ocurr√≠a, detendr√≠amos la presurizaci√≥n, abrir√≠amos la escotilla y lo tirar√≠amos‚ÄĚ, explic√≥ Aldrin. ‚ÄúPero no pas√≥ nada‚ÄĚ.

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Donald Bogard, miembro del Instituto Planetario Lunar en Houston, Texas, le dijo a Space.com en 2014 que Gold ten√≠a ‚Äúparte de raz√≥n‚ÄĚ cuando advirti√≥ a la NASA que el ‚Äúpolvo lunar que se introdujo en el m√≥dulo lunar podr√≠a incendiarse espont√°neamente y ser un problema de seguridad‚ÄĚ, pero que aunque ‚Äúse hab√≠a dado cuenta de la probable naturaleza reactiva de las superficies del material lunar‚ÄĚ, Gold ‚Äúenfatiz√≥ demasiado sus efectos reactivos‚ÄĚ.

Otra preocupación de las más conocidas sobre la misión Apolo era que los astronautas podrían volver con patógenos peligrosos, y este miedo se extendió ante la posibilidad de traer de vuelta materiales contaminados.

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En 1963, un subcomit√© especial de la Academia Nacional de Ciencias se reuni√≥ para discutir la poco probable posibilidad ‚ÄĒpero real‚ÄĒ de que los miembros de la tripulaci√≥n de la misi√≥n¬†Apolo contrajeran alg√ļn tipo de enfermedad lunar, y c√≥mo manejar materiales contaminados.

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La noci√≥n de que podr√≠an existir agentes pat√≥genos o sustancias t√≥xicas en la Luna puede parecer extravagante ahora, pero en aquel momento los cient√≠ficos no ten√≠an forma de saberlo, y se negaron a tomar riesgos. El subcomit√© posteriormente recomend√≥ que la NASA ‚Äúestableciese un programa de cuarentena para garantizar que la Tierra y su ecolog√≠a estuviesen protegidas de cualquier posible peligro asociado con el retorno de material lunar‚ÄĚ, seg√ļn un informe de la NASA tomado despu√©s de la misi√≥n Apolo 11.

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La NASA estableci√≥ un Programa de microbiolog√≠a para la tripulaci√≥n antes de la misi√≥n ‚Äúpara tener en cuenta la posibilidad de traer contaminantes terrestres que hubiese en el suelo lunar‚ÄĚ, seg√ļn el informe de la agencia. Se implement√≥ un estricto programa de cuarentena despu√©s del vuelo para los tripulantes de la Apolo, junto con una serie de protocolos para manejar naves, equipo o muestras lunares contaminadas.

Los astronautas fueron puestos en cuarentena rápidamente después de su aterrizaje, pero como los miembros de la tripulación Michael Collins y Buzz Aldrin admitieron más tarde en el documental de la PBS Chasing the Moon, fue un poco raro, como escribieron en Space.com:

‚ÄúM√≠ralo de esta manera‚ÄĚ, agreg√≥ Collins. ‚ÄúSupongamos que hab√≠a g√©rmenes en la Luna. Hay g√©rmenes en la Luna, volvemos, el m√≥dulo de control est√° lleno de g√©rmenes lunares. El m√≥dulo de control aterriza en el Oc√©ano Pac√≠fico, ¬Ņy qu√© hacen? Abren la escotilla. ¬°Si abres la escotilla todos los malditos g√©rmenes salen!

[...] ‚ÄúTienes que re√≠rte un poco‚ÄĚ, dijo Aldrin mientras las im√°genes de archivo mostraban a los astronautas desinfect√°ndose dentro de una balsa que flotaba junto a la nave espacial. Record√≥ c√≥mo el personal de rescate le lanz√≥ una esponja y luego tir√≥ el trapo que hab√≠an usado al agua junto a ellos. ‚ÄúHabr√≠a llevado todos esos g√©rmenes al fondo del oc√©ano‚ÄĚ, dijo, y luego se ri√≥. ‚Äú¬ŅMe pregunto si habr√°n sobrevivido ah√≠ abajo?‚ÄĚ

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En cualquier caso, el tr√≠o tuvo que usar ropas de aislamiento biol√≥gico durante su viaje al Laboratorio de recepci√≥n lunar (LRL, por sus siglas en ingl√©s) en el Centro espacial Lyndon B. Johnson de la NASA. Los astronautas estuvieron en cuarentena durante 21 d√≠as, mientras que el personal m√©dico estaba preparado en caso de que los astronautas enfermaran repentinamente por alg√ļn contaminante desconocido. Afortunadamente, eso no sucedi√≥, y el equipo pudo reunirse con sus amigos y familiares.

El hecho de que el polvo lunar pudiera ser t√≥xico result√≥ ser correcto, pero no de la misma forma que la NASA hab√≠a previsto. Los astronautas de la misi√≥n Apolo sufrieron algo conocido como ‚Äúfiebre del heno lunar‚ÄĚ dentro de la c√°psula, y durante la misi√≥n Apolo 12, el polvo lunar caus√≥ irritaci√≥n en los pulmones y los ojos a los astronautas durante el viaje de regreso. Los estudios realizados despu√©s de las misiones de Apolo revelaron los efectos t√≥xicos que ten√≠a la inhalaci√≥n de estas part√≠culas diminutas y afiladas.

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‚ÄúCreo que el polvo probablemente sea uno de nuestros mejores inhibidores para llevar a cabo una operaci√≥n nominal en la Luna‚ÄĚ, dijo el astronauta de la NASA Gene Cernan durante el informe t√©cnico de la misi√≥n Apolo 17. ‚ÄúCreo que podemos superar otros problemas fisiol√≥gicos, f√≠sicos o mec√°nicos, a excepci√≥n del polvo‚ÄĚ.

De manera similar, un informe de 2016 concluy√≥ que el polvo ‚Äúsigue siendo el principal factor limitador¬†para regresar a la superficie lunar en misiones de prolongada duraci√≥n‚ÄĚ.

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As√≠ que, aunque muchas de las preocupaciones de la NASA resultaron no tener ning√ļn tipo de fundamento, la historia demostr√≥ que la agencia espacial hac√≠a bien al preocuparse por todo ese polvo lunar.


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