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Ciencia

Un barco llegó a Estados Unidos en los años 80 y dejó escapar una especie invasora. Hoy cuesta más de 1.000 millones de dólares al año combatirla

Los mejillones cebra llegaron accidentalmente a los Grandes Lagos y se multiplicaron hasta invadir tuberías, centrales eléctricas y ecosistemas. Ahora Estados Unidos ofrece premios para frenar su expansión.
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A mediados de los años 80, un buque procedente de Europa habría descargado agua de lastre en la región de los Grandes Lagos, en Norteamérica. Con ella llegaron unos pasajeros prácticamente invisibles: larvas de mejillón cebra, una especie originaria de Eurasia que terminaría provocando uno de los mayores problemas de invasión biológica del continente.

Casi cuatro décadas después, estos pequeños moluscos siguen causando pérdidas millonarias y alterando ecosistemas enteros. Su capacidad para reproducirse y adherirse a superficies ha convertido tuberías, centrales hidroeléctricas y embarcaciones en lugares ideales para su proliferación.

Ahora, el Gobierno estadounidense lanzó un concurso con hasta 550.000 dólares en premios para desarrollar nuevas tecnologías que impidan su propagación.

Un viaje accidental que terminó convirtiéndose en una plaga multimillonaria

Un barco llegó a Estados Unidos en los años 80 y dejó escapar una especie invasora. Hoy cuesta más de 1.000 millones de dólares al año combatirla
El investigador Randy Hines, del USGS, muestra una roca cubierta de mejillones cebra en el lago Minnetonka, Minnesota. Estas colonias pueden competir con especies autóctonas y modificar las redes alimentarias acuáticas. © USGS.

La historia comenzó probablemente hacia 1986, cuando las larvas de Dreissena polymorpha llegaron a Norteamérica a través del agua utilizada para estabilizar los grandes barcos durante sus viajes. Según una investigación del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los primeros ejemplares fueron identificados en 1988 en el lago Saint Clair, conectado con los Grandes Lagos.

Su expansión fue extraordinariamente rápida. En pocos años, la especie había alcanzado los cinco Grandes Lagos y comenzaba a colonizar otros sistemas fluviales. El problema está en su biología: las hembras pueden producir enormes cantidades de huevos y las larvas microscópicas se desplazan fácilmente con las corrientes y las embarcaciones.

Una vez establecidos, los adultos forman colonias densas que se adhieren a prácticamente cualquier superficie dura. De acuerdo con el Bureau of Reclamation, los mejillones cebra y quagga generan conjuntamente más de 1.000 millones de dólares anuales en daños y medidas de control en Estados Unidos.

Los mejillones pueden taponar tuberías y transformar ecosistemas enteros

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Hélice de una embarcación cubierta por mejillones invasores. Estos moluscos pueden adherirse a superficies sumergidas, mientras que sus larvas viajan en el agua retenida dentro de los barcos. © Sam Stukel / Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS).

Aunque cada ejemplar apenas alcanza unos centímetros, miles de ellos pueden acumularse hasta reducir considerablemente el paso del agua. Su presencia obliga a realizar costosas tareas de limpieza en plantas potabilizadoras, instalaciones industriales y centrales eléctricas. Pero los daños no terminan allí.

El USGS explica que estos moluscos filtran grandes cantidades de algas microscópicas, reduciendo el alimento disponible para otras especies y alterando el equilibrio de los ecosistemas acuáticos. También pueden adherirse a mejillones nativos, dificultando su alimentación y supervivencia.

La situación resulta especialmente complicada porque sus larvas, conocidas como velígeras, son casi imposibles de detectar a simple vista. Pueden permanecer en pequeñas cantidades de agua acumulada dentro de las embarcaciones y viajar hasta lagos todavía no invadidos.

Estados Unidos ofrece premios millonarios en conjunto para frenar su expansión

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Ejemplares de mejillón cebra (Dreissena polymorpha), reconocibles por las bandas oscuras y claras de sus conchas. La especie llegó a los Grandes Lagos durante la década de 1980. © Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).

Para afrontar este problema, el Bureau of Reclamation lanzó en febrero de 2026 el concurso Halt the Hitchhiker, destinado a encontrar métodos de descontaminación más rápidos y eficaces.

La iniciativa contempla 550.000 dólares en premios distribuidos en tres fases, con la posibilidad de que un equipo acumule hasta 200.000 dólares. En agosto, el organismo anunció seis propuestas ganadoras, que recibieron 25.000 dólares cada una. Entre las tecnologías seleccionadas aparecen sistemas de filtración, tratamientos mediante luz ultravioleta, dispositivos bioeléctricos y soluciones que combinan varias barreras para impedir el transporte de organismos invasores.

El objetivo no es eliminar todos los mejillones ya establecidos, sino evitar que las embarcaciones continúen trasladándolos entre ecosistemas. Las soluciones deberán funcionar sin dañar los barcos, generar residuos peligrosos ni representar riesgos para las personas.

La historia demuestra cómo una acción aparentemente insignificante puede tener consecuencias durante generaciones. Unas larvas transportadas accidentalmente en el agua de un barco terminaron convirtiéndose en un problema ambiental y económico que Estados Unidos todavía intenta contener casi 40 años después.

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