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Ciencia

Una etapa de cuatro toneladas de un Falcon 9 caerá sin control sobre la Luna el próximo 5 de agosto. El impacto abrirá un cráter de 27 metros y expulsará más de un millón de kilos de polvo lunar

El objeto lleva más de un año atrapado entre la Tierra y la Luna después de transportar dos módulos comerciales. Astrónomos profesionales y aficionados intentarán captar un destello de menos de un segundo, una nube de material de varios kilómetros y el nacimiento de un nuevo cráter.
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El próximo 5 de agosto, poco después de las 06:34 UTC, una etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX terminará su viaje contra la superficie de la Luna. No se trata exactamente de un pequeño “fragmento”: es una estructura de unos 12 metros de longitud, cuatro metros de diámetro y una masa estimada de alrededor de cuatro toneladas.

El choque ocurrirá cerca del cráter Einstein, prácticamente en el borde del hemisferio lunar visible desde la Tierra. El objeto llegará a unos 2,43 kilómetros por segundo, equivalentes a casi 8.750 kilómetros por hora, con un ángulo estimado de 34 grados respecto a la vertical. Su energía cinética será de aproximadamente 11,8 gigajulios. No representa una amenaza para la Tierra, pero sí ofrece una oportunidad poco habitual para estudiar un impacto artificial cuyas características se conocen con bastante precisión.

Un equipo internacional ha publicado en arXiv (todavía como preprint) un plan para coordinar la observación. El reto no será únicamente localizar el punto correcto: nadie sabe todavía si el destello será lo bastante brillante como para aparecer en las cámaras.

El cohete cumplió su misión en 2025, pero nadie decidió dónde terminaría

Una etapa de cuatro toneladas de un Falcon 9 caerá sin control sobre la Luna el próximo 5 de agosto. El impacto abrirá un cráter de 27 metros y expulsará más de un millón de kilos de polvo lunar
© Getty Images / George Rose.

La etapa está catalogada como 2025-010D y fue lanzada el 15 de enero de 2025. Su trabajo consistió en impulsar hacia la Luna a Blue Ghost 1, el módulo de Firefly Aerospace que consiguió aterrizar en marzo de aquel año, y a Resilience, la segunda misión lunar de la compañía japonesa ispace.

Después de liberar las cargas, el Falcon 9 quedó abandonado en una órbita terrestre muy alargada que atravesaba periódicamente la región lunar. Mientras otros componentes de la misión aterrizaron, se estrellaron o regresaron a la atmósfera, la etapa siguió dando vueltas durante más de un año. Más de mil observaciones permitieron reconstruir su trayectoria.

En septiembre de 2025, el software orbital de Bill Gray, responsable de Project Pluto, proyectó que el objeto terminaría golpeando la Luna. Con los datos disponibles el 17 de julio de 2026, Gray situaba el impacto a las 06:34:32,9 UTC, con un margen probable de apenas unos segundos. Las últimas observaciones permitirán reducir también la incertidumbre sobre el lugar exacto.

La posición resulta especialmente favorable y complicada al mismo tiempo. La Luna estará iluminada aproximadamente en un 56% y el punto de caída se encontrará bajo la luz solar. Eso podría iluminar el polvo expulsado, pero hará que un posible destello tenga que competir contra el brillo de la propia superficie.

El impacto excavará más de un millón de kilos de suelo lunar

Una etapa de cuatro toneladas de un Falcon 9 caerá sin control sobre la Luna el próximo 5 de agosto. El impacto abrirá un cráter de 27 metros y expulsará más de un millón de kilos de polvo lunar
© Project Pluto.

Las simulaciones anticipan tres posibles señales: un destello extremadamente breve, una pluma de polvo que evolucionará durante varios minutos y un nuevo cráter que solo podrá observarse con sondas en órbita.

El modelo más detallado calcula que el choque excavará unos 1,12 millones de kilos de regolito, entre 150 y 200 veces la masa de la etapa. Aproximadamente la mitad de los fragmentos simulados volvería a caer sobre la superficie durante los primeros cinco segundos, mientras una pequeña proporción permanecería suspendida durante minutos.

Las partículas que el modelo pudo resolver alcanzarían alturas de al menos 1,5 kilómetros. Sin embargo, los restos más diminutos (demasiado pequeños para ser reproducidos en la simulación) deberían viajar más rápido y podrían elevarse varios kilómetros. Cerca del borde lunar, esa nube quizá aparezca recortada contra el espacio negro y resulte más fácil de detectar que el propio fogonazo.

El resultado final sería un cráter de unos 27 metros de diámetro y cinco metros de profundidad, rodeado por un manto continuo de material fresco de aproximadamente 70 metros. Dependiendo de la orientación con la que llegue la etapa y de si se rompe justo antes del choque, incluso podría aparecer un cráter doble.

La magnitud del destello es la gran incógnita. Una estructura metálica de cuatro toneladas parece enorme, pero se moverá lentamente en comparación con los meteoritos naturales. Si golpea regolito suelto podría producir una señal detectable; si encuentra roca expuesta, el impacto quizá sea tan tenue que ni siquiera los telescopios grandes consigan registrarlo.

Sudamérica tendrá una posición privilegiada, pero no bastará con mirar la Luna

Las condiciones nocturnas favorecerán a observadores de Sudamérica y de latitudes bajas y medias de Norteamérica. Aun así, el fenómeno no será visible a simple vista ni con prismáticos. El estudio recomienda telescopios con cámaras capaces de grabar, idealmente, a más de 20 fotogramas por segundo para no perder un destello que podría durar menos de un segundo.

Grandes instalaciones ya han reservado tiempo de observación. El telescopio de 3,5 metros de Apache Point buscará el fogonazo mediante imágenes rápidas, el Lowell Discovery Telescope analizará posibles emisiones de sodio y el Very Large Telescope estudiará señales de sodio, potasio y radicales OH. Los aficionados también podrán participar mediante los programas Impact Flash! y Lunar Impact Flash Network.

Desde la órbita, la Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA comparará fotografías tomadas antes y después para localizar el nuevo cráter. El orbitador surcoreano Danuri pasará, además, a pocos kilómetros de la trayectoria de la etapa unos dos minutos antes del impacto y tratará de fotografiar la zona ese mismo día.

No será un experimento completamente controlado: se desconoce la orientación final del cohete y tampoco está claro si caerá sobre polvo o roca. Pero precisamente ahí reside su valor. Los científicos conocen la masa, la velocidad, la trayectoria y el momento del choque, datos que rara vez están disponibles cuando un meteorito golpea la Luna.

El 5 de agosto, la humanidad añadirá involuntariamente otro cráter a una superficie marcada por miles de millones de años de impactos. Esta vez, sin embargo, habrá cientos de telescopios esperando el instante exacto en que aparezca.

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