Durante años, Venus ha sido considerado el hermano tóxico y estéril de nuestro planeta. Pero recientes hallazgos científicos han comenzado a romper con ese estereotipo. Basándose en datos antiguos y tecnología moderna, la NASA ha revelado indicios de que Venus no solo está vivo geológicamente, sino que podría ser mucho más parecido a la Tierra primitiva de lo que jamás imaginamos.
Evidencias que sugieren una actividad geológica sorprendente

Un artículo publicado en Science Advances ha puesto en jaque la visión tradicional de Venus. Utilizando datos recolectados en los años noventa por la sonda Magellan, y comparándolos con simulaciones actuales, los investigadores han descubierto que Venus podría tener un corazón aún palpitante.
La clave de este hallazgo se encuentra en las coronae, formaciones circulares en la superficie del planeta. Estas estructuras podrían surgir por el ascenso de material caliente desde el manto, creando presión sobre la corteza antes de colapsar en forma de anillo. De las 75 coronae estudiadas, 52 mostraron características que encajan con esta hipótesis.
Los resultados obtenidos no solo sorprendieron por su precisión, sino también por las implicaciones que podrían tener para entender cómo funciona el interior de Venus en comparación con el de la Tierra. Según Gael Cascioli, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, el estudio ofrece una «visión novedosa sobre los procesos subsuperficiales de Venus».
Un reflejo del pasado geológico de la Tierra

La investigación también ha abierto una nueva vía de comparación entre Venus y nuestro planeta, no el actual, sino el de hace miles de millones de años. Anna Gülcher, geóloga planetaria y coautora del estudio, sugiere que estos procesos geológicos podrían haber sido comunes en la Tierra primitiva.
Aunque Venus carece de placas tectónicas activas, sus mecanismos de transferencia térmica podrían ser más familiares de lo que pensábamos. Algunas regiones del planeta presentan una corteza tan delgada —menos de 65 km— que permitiría una fusión parcial con el manto, facilitando el reciclaje de materiales hacia el interior. Esto podría explicar parte de la actividad volcánica y la compleja atmósfera que observamos hoy en día.
Según Justin Filiberto, otro experto involucrado en investigaciones complementarias, este reciclaje interno tendría un impacto directo en la composición química de la superficie y en la dinámica atmosférica.
Las nuevas misiones que buscan respuestas en Venus
Ante este panorama, la NASA y otras agencias espaciales no quieren quedarse con las manos cruzadas. Ya se están preparando misiones ambiciosas para investigar más a fondo las similitudes entre Venus y la Tierra.
Entre ellas se encuentra VERITAS, cuyo objetivo será mapear con altísima resolución la superficie venusina, revelando signos recientes de actividad tectónica o volcánica. En paralelo, la misión DAVINCI, planeada para 2029, estudiará la atmósfera y la química superficial del planeta con un enfoque completamente nuevo.
La Agencia Espacial Europea también se suma con la misión EnVision, que buscará comprender cómo interactúan la geología y la atmósfera de Venus. Según la científica del JPL Suzanne Smrekar, estas misiones prometen «revolucionar el conocimiento sobre la evolución geológica de Venus y su conexión con nuestro propio planeta».