Grecia acaba de tomar una decisión poco habitual para lidiar con una invasión marina: pagar por cada kilo capturado. El objetivo es el Lagocephalus sceleratus, conocido como pez globo de bandas plateadas o “lagokefalos”, una especie tóxica, invasora y especialmente problemática para los pescadores del Mediterráneo oriental.
Según informó AP, el Gobierno griego empezó a ofrecer 5,33 euros por kilo a los pescadores profesionales que capturen este pez, dentro de un programa financiado públicamente para reducir su presencia en las zonas más afectadas. Los ejemplares no irán al mercado ni a restaurantes: serán congelados e incinerados en instalaciones locales.
La medida no busca crear una nueva pesquería gastronómica, explica DW. Todo lo contrario. Este pez contiene tetrodotoxina, una potente neurotoxina presente en sus órganos y tejidos que puede ser letal si se consume. Por eso, el problema no es solo que haya demasiados ejemplares en el agua, sino qué hacer con ellos una vez capturados.
El invasor llegó por el canal de Suez y encontró un Mediterráneo cada vez más favorable

El Lagocephalus sceleratus es originario de aguas tropicales y subtropicales del Indo-Pacífico y del mar Rojo. Su llegada al Mediterráneo se explica por un fenómeno conocido como migración lessepsiana: especies que cruzan el canal de Suez y colonizan el Mediterráneo oriental. De acuerdo con AP, su expansión se ha visto favorecida por el calentamiento de las aguas, que vuelve más habitable una región donde antes tenía más dificultades para prosperar.
En Grecia fue detectado por primera vez en 2005, y desde entonces se ha convertido en una pesadilla recurrente para muchas comunidades pesqueras del Egeo sur, Creta y otras zonas del Mediterráneo oriental. No es difícil entender por qué. Es un pez resistente, voraz, con mandíbulas fuertes y dientes capaces de destrozar redes, palangres y capturas enteras antes de que lleguen a puerto.
El diario griego Kathimerini recoge que el Ministerio de Agricultura lanzó el pago de 5,33 euros por kilo como parte de un programa piloto orientado a proteger los ecosistemas marinos y aliviar la presión sobre el sector pesquero. El incentivo se centra en la captura del pez globo de bandas plateadas, una de las especies invasoras que más preocupan actualmente a los pescadores locales.
No solo muerde peces: también muerde los ingresos de los pescadores
Para los pescadores, el problema es doble. Por un lado, el pez globo se alimenta de peces, crustáceos y cefalópodos que también forman parte de la pesca comercial. Por otro, arruina el trabajo antes de que la captura pueda venderse.
Reuters ya había recogido semanas atrás el impacto económico de esta especie en las embarcaciones griegas. Según ese reporte, investigadores del Centro Helénico de Investigación Marina estimaban daños y pérdidas de ingresos de alrededor de 8.500 euros al año por barco en las zonas afectadas, una cifra enorme para la pesca artesanal.
La situación explica por qué Grecia ha optado por pagar la retirada de ejemplares. No es una solución definitiva, pero sí una forma de compensar parcialmente a quienes ya están enfrentando el coste directo de la invasión: redes rotas, jornadas perdidas y capturas devoradas antes de llegar a la lonja.
El pez es tóxico, pero las autoridades piden no convertirlo en una alarma turística

La palabra “venenoso” dispara titulares con facilidad, pero las autoridades griegas están intentando separar el problema real de la exageración. El riesgo principal está en el consumo del pez y en su impacto sobre la pesca, no en una amenaza generalizada para los bañistas.
AP señala que organizaciones médicas y turísticas de Creta pidieron calma y recordaron que la presencia de estos peces en el Mediterráneo se conoce desde hace años. También subrayaron que no existe un peligro “invisible” o inminente para visitantes y residentes en las playas.
Eso no significa que sea una especie inofensiva. La Cruz Roja griega emitió recomendaciones de salud pública ante posibles mordeduras y advirtió sobre la toxicidad del pez si se manipula o consume de forma indebida. La diferencia está en el enfoque: no se trata de cancelar vacaciones en Grecia, sino de evitar tocar, cocinar o vender una especie que no pertenece a esa cadena alimentaria.
Grecia no es el único país que intenta convertir la captura en control
La estrategia griega no aparece de la nada. Tal como explica Euronews, Chipre ya había aplicado un sistema similar para incentivar la captura de esta especie invasora, y el pago griego de hasta 5,33 euros por kilo es incluso superior al esquema chipriota. La intención es doble: apoyar a los pescadores y limitar la expansión de una especie que ya se ha instalado en partes importantes del Mediterráneo oriental.
También hay proyectos que exploran usos no alimentarios para estos peces. La Comisión Europea, por ejemplo, ha destacado iniciativas para transformar el pez globo tóxico en ingredientes para acuicultura mediante tratamientos capaces de eliminar la toxina, aunque ese tipo de soluciones requieren controles muy estrictos y todavía no resuelven por sí solas la invasión.
La recompensa griega, por ahora, es una medida de contención. Sirve para retirar ejemplares, reducir daños y generar datos sobre cuánto puede aliviar la presión pesquera. Pero no elimina la causa de fondo: un Mediterráneo más cálido, más conectado por rutas artificiales y cada vez más vulnerable a especies que llegan, se adaptan y empiezan a ocupar espacios que antes no eran suyos.
El resultado es una escena extraña, casi de película: pescadores cobrando por capturar un pez que no pueden vender, autoridades congelando e incinerando toneladas de ejemplares y un mar que ya no se comporta como antes. Grecia no está pagando por una rareza marina. Está pagando por ganar tiempo frente a una invasión que el Mediterráneo lleva años anunciando.