Bajo la superficie de los océanos tropicales existe un mundo construido durante miles de años por animales diminutos. Los corales levantan estructuras que sirven de refugio, alimento y territorio de reproducción para innumerables especies marinas. Pero esas ciudades submarinas están perdiendo a sus propios arquitectos, y las cifras empiezan a mostrar una crisis mucho mayor de lo que se creía.
Una nueva evaluación internacional publicada en Nature revela que el 44% de las especies de corales constructores de arrecifes analizadas está amenazado de extinción. Lo más inquietante es que el estudio se basó en información anterior a las olas de calor oceánicas más extremas de los últimos años. Es decir, el diagnóstico científico podría estar describiendo una situación que ya ha empeorado.
El riesgo de extinción está aumentando más rápido de lo que se esperaba

El estudio publicado el 15 de octubre en Nature revisó el estado de conservación de 892 especies de corales responsables de construir arrecifes. De ellas, 774 contaban con información suficiente para determinar su nivel de amenaza.
Los resultados fueron contundentes: 340 especies, equivalentes al 44%, quedaron clasificadas dentro de las categorías de amenaza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Entre ellas, 33 se encuentran en peligro crítico, 251 en peligro y 56 en situación vulnerable. La cifra representa un deterioro considerable respecto de la evaluación de 2008, cuando aproximadamente un tercio de las especies analizadas estaba amenazado.
Los investigadores utilizaron tendencias históricas de cobertura coralina, proyecciones de estrés térmico y características biológicas de cada especie para estimar las reducciones de población. De acuerdo con el comunicado oficial de la UICN, el cambio climático fue el factor determinante en la clasificación de más del 90% de las especies situadas en las categorías de mayor riesgo. Conviene precisar que el 44% corresponde a especies evaluadas, no a la superficie de arrecifes destruida ni a un porcentaje de corales que ya haya desaparecido.
El calentamiento del océano está alterando una relación fundamental para la vida marina
El problema comienza cuando el agua permanece demasiado caliente durante periodos prolongados. Los corales mantienen una relación simbiótica con microorganismos fotosintéticos que viven en sus tejidos y les proporcionan nutrientes. Cuando sufren estrés térmico, esa relación puede romperse y los animales pierden buena parte de sus algas, dejando visible el esqueleto blanco que se encuentra debajo.
Este fenómeno, conocido como blanqueamiento, no significa que el coral muera inmediatamente. Algunos pueden recuperarse si las temperaturas vuelven a niveles tolerables. Sin embargo, los episodios intensos o repetidos aumentan considerablemente el riesgo de mortalidad.
La investigación de David Obura y sus colaboradores encontró diferencias entre regiones y grupos de corales. En el Atlántico, aproximadamente el 50% de las especies evaluadas estaba amenazado, frente al 43% registrado en el Indopacífico. Algunas familias presentan situaciones especialmente preocupantes. Entre los corales Acroporidae del Indopacífico, 191 de las 279 especies examinadas fueron clasificadas en peligro.
Estos organismos forman estructuras ramificadas y extensas plataformas que proporcionan refugio a peces e invertebrados. Su deterioro no afecta únicamente a una especie, sino a comunidades enteras que dependen de la complejidad física del arrecife.
El diagnóstico podría haberse quedado atrás frente a las nuevas olas de calor

Existe una limitación especialmente importante: la evaluación utilizó datos que llegan hasta 2020, antes del cuarto episodio mundial de blanqueamiento de corales, registrado entre 2023 y 2025. Por eso, la UICN advierte que el porcentaje actual de especies amenazadas podría superar el 44%, aunque todavía no existe una nueva estimación global que permita determinar cuánto.
La urgencia tiene consecuencias que van más allá de la biodiversidad. Los arrecifes contribuyen a sostener pesquerías, amortiguan el impacto de las olas sobre las costas y generan actividades económicas vinculadas al turismo en más de un centenar de países tropicales.
Los científicos también destacan que no todas las especies responden igual al calentamiento. Algunas poblaciones muestran mayor tolerancia térmica, una diferencia que podría resultar importante para orientar las estrategias de conservación. Sin embargo, proteger arrecifes resistentes o restaurar zonas degradadas no sustituye la necesidad de reducir las emisiones responsables del calentamiento global.
La conclusión del estudio es especialmente significativa: cada décima de grado de calentamiento que pueda evitarse ofrece oportunidades adicionales para conservar especies, mantener la funcionalidad de los arrecifes y permitir su recuperación.
Los corales llevan millones de años construyendo algunos de los ecosistemas más complejos del planeta. La ciencia acaba de mostrar que una parte extraordinaria de esa diversidad se encuentra en riesgo, mientras las condiciones que amenazan su supervivencia continúan intensificándose.