Curiosity y Perseverance son algunas de las máquinas más resistentes que hemos enviado fuera de la Tierra, pero nadie las acusaría de tener prisa. Cada movimiento debe planificarse con cuidado y cualquier piedra mal colocada puede obligar a revisar una ruta que, desde aquí, parecía sencilla.
La NASA quiere comprobar qué ocurriría si sus próximos rovers pudieran recorrer distancias mucho mayores, moverse diez veces más rápido y tomar parte de esas decisiones por sí mismos. Su respuesta, al menos por ahora, se llama ERNEST.
Según detalló la NASA, este pequeño vehículo de cuatro ruedas recorrió unos 26 kilómetros con una intervención mínima de los ingenieros que lo seguían. La campaña acumuló 37 horas de conducción repartidas durante siete días y permitió que el rover alcanzara velocidades de hasta 1 km/h, aproximadamente un orden de magnitud por encima de la velocidad máxima de navegación de Curiosity y Perseverance.
La prueba se realizó en marzo de 2026 en el desierto de Colorado, cerca de Plaster City. Hay aquí una precisión geográfica importante: no fue en el estado de Colorado, sino en la región desértica del sur de California que lleva ese nombre. El escenario ofrecía kilómetros de terreno pedregoso, arena, pendientes y condiciones de iluminación muy parecidas a las que podrían encontrarse cerca de los polos lunares.
No es el próximo rover lunar, sino el laboratorio donde la NASA está imaginándolo
ERNEST es el acrónimo de Exploration Rover for Navigating Extreme Sloped Terrain, algo así como vehículo de exploración para desplazarse por terrenos extremos e inclinados. Mide 1,2 metros de largo y fue desarrollado en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, más conocido como JPL.
No existe todavía una misión aprobada que vaya a enviar este vehículo concreto a la Luna. ERNEST funciona como un banco de pruebas sobre ruedas: permite experimentar con suspensiones, sistemas de navegación y algoritmos que podrían incorporarse a un futuro rover de mayor tamaño y largo alcance.
De acuerdo con el JPL, el equipo intenta demostrar que sería posible construir un vehículo aproximadamente dos veces mayor capaz de recorrer grandes regiones lunares. James Keane, científico planetario que trabaja en conceptos de misiones lunares, resumió la ambición con una imagen bastante gráfica: realizar una especie de “viaje científico por carretera” a través de la Luna o Marte.
El objetivo no consiste únicamente en recorrer más kilómetros. Un rover rápido pero incapaz de superar una pendiente o de distinguir un obstáculo peligroso tendría pocas posibilidades de sobrevivir. La clave de ERNEST está en combinar la autonomía con una forma de moverse bastante diferente a la de los vehículos marcianos actuales.
Sus ruedas no solo giran: pueden levantarse, caminar y moverse de costado
Desde Sojourner, los rovers marcianos de la NASA han utilizado distintas versiones de la suspensión pasiva rocker-bogie. Este sistema distribuye el peso entre seis ruedas y permite que cada una se adapte al terreno sin necesidad de incorporar numerosos motores adicionales. Ha funcionado durante décadas, pero también establece límites sobre las pendientes y obstáculos que pueden superarse.
ERNEST utiliza cuatro ruedas de malla y una suspensión activa que le permite modificar cómo distribuye su peso. Según explica el JPL, dos articulaciones motorizadas situadas en la parte delantera controlan un cardán con el que el vehículo puede retorcerse, caminar sobre sus ruedas o elevarlas individualmente para trepar por obstáculos que podrían detener a Curiosity o Perseverance.
También dispone de un embrague para alternar entre dos configuraciones. La suspensión activa ofrece más capacidad para atravesar terrenos difíciles, mientras que la pasiva consume menos energía cuando el suelo no exige maniobras especiales. Como sus cuatro ruedas pueden orientarse, ERNEST puede girar con mucha libertad e incluso desplazarse lateralmente.
Un informe técnico publicado por el JPL en 2024 señala que el prototipo logró atravesar pendientes de 30 grados sobre un material similar al regolito lunar, superar obstáculos de una altura comparable al radio de sus ruedas y escalar inclinaciones de hasta 35 grados sobre suelos granulares. El mismo documento describe a ERNEST como un modelo a media escala de un posible rover de largo alcance.

Antes de soltarlo en el desierto, la NASA lo entrenó durante miles de horas virtuales
La parte mecánica de ERNEST quedó terminada en septiembre de 2024, pero inicialmente el vehículo todavía necesitaba que una persona lo controlara con un joystick. Para que pudiera reaccionar ante el terreno por sí mismo, los ingenieros recurrieron al aprendizaje por refuerzo.
Según detalla la NASA, el equipo creó una simulación de alta fidelidad capaz de reproducir el comportamiento del rover sobre distintas superficies. Después alimentó el modelo con datos obtenidos del vehículo real y ejecutó numerosas pruebas en paralelo mediante un clúster de computación de alto rendimiento. En algunos fines de semana, el sistema acumuló miles de horas de entrenamiento virtual.
Una vez entrenado, ERNEST tuvo que demostrar que lo aprendido funcionaba fuera de la computadora. Los ingenieros prepararon en el Mars Yard del JPL una pista con ondulaciones de arena, montones de piedras, escalones y pendientes pronunciadas. El rover consiguió recorrerla de manera autónoma y desde entonces ha completado otros circuitos similares.
El siguiente paso será unir esas dos capacidades. La NASA quiere que el vehículo no solo sepa levantar una rueda cuando encuentra una roca, sino que también pueda decidir qué ruta resulta más eficiente, qué obstáculos merece la pena atravesar y cuáles conviene rodear.
La Luna también obliga a aprender a conducir en la oscuridad
La campaña del desierto no se limitó a comprobar cuánto podía recorrer. Los ingenieros hicieron circular a ERNEST al amanecer, al atardecer y durante la noche para estudiar cómo reaccionaba ante sombras largas y cambios extremos de iluminación.
Estas condiciones son especialmente relevantes en las regiones polares de la Luna. Allí, el Sol permanece muy bajo sobre el horizonte y los accidentes del terreno proyectan sombras capaces de ocultar cráteres, pendientes y rocas. Un rover que dependa demasiado de imágenes claras podría encontrar grandes dificultades para navegar.
ERNEST todavía es un prototipo experimental y podría no salir nunca de la Tierra. Sin embargo, las tecnologías que está poniendo a prueba apuntan hacia una nueva generación de vehículos planetarios: máquinas capaces de recorrer decenas o cientos de kilómetros sin esperar constantemente instrucciones humanas.
Hasta ahora, cada rover ha explorado una pequeña parcela de otro mundo. La idea detrás de ERNEST es mucho más ambiciosa: que la próxima máquina no se limite a estudiar el lugar donde aterrizó, sino que pueda decidir qué hay detrás de la siguiente montaña y conducir hasta allí.