Una mujer con trastornos alimenticios lleva 29 años comiendo únicamente sándwiches de queso

Foto: MSPhotographic (iStock

Solo unas pocas semanas después de la noticia de que un adolescente británico se quedó ciego después de años de comer nada más que comida basura, llega la noticia de otro británico con un trastorno alimentario extremadamente grave. April Griffiths cuenta que, desde la infancia, no ha podido comer nada más que sándwiches de queso.

Cada vez que intento probar cosas nuevas”, dijo, “tengo un ataque de pánico, todo mi cuerpo comienza a temblar y estoy terriblemente nerviosa. El miedo a asfixiarme y experimentar una textura diferente de los alimentos me asusta y, aunque he tratado de comer porciones de arroz, pasta o verduras del tamaño de un guisante, nunca he podido tragarlo sin vomitar”.

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Griffiths ha estado tratándose, incluso con hipnoterapia. La hipnoterapia tuvo un éxito moderado: durante un par de meses, hace cinco años, pudo comer arroz. Pero la terapia era de 300 libras por hora, y no podía darse el lujo de continuar.

Después de 29 años, Griffiths se está cansando de los sándwiches de queso sin más. Alterna entre Cheddar maduro y Leicester rojo y, a veces, tosta los sándwiches para variar. Cuenta que también puede con las patatas fritas de vez en cuando (generalmente con cóctel de queso y cebolla o gambas, o con las sour cream de Pringles en ocasiones especiales), y bebe hasta tres cartones de zumo de naranja todos los días para obtener vitaminas.

El hijo de dos años de Griffiths ha notado la falta de variedad en su dieta y también ha estado exigiendo patatas fritas para la cena. Para evitar dar un mal ejemplo, la mujer comenzó a comer en una habitación separada.

Me encantaría comer una cena asada”, cuenta, “pero no podía soportarlo: las verduras, las papas y la carne me hacen sentir enferma”.

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Esta historia me pone muy, muy triste. Ni siquiera puedo aventurarme a adivinar el valor nutricional de una dieta basada en el sandwich de queso, pero sí sé que la comida es uno de los mayores placeres de la vida, y espero que la publicidad de este artículo ayude a Griffiths a obtener la ayuda que quiere desesperadamente.

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